KNOCK OUT. TRES HISTORIAS DE BOXEO, de Jack London, ilustrado por Enrique Breccia

Knock Out - Jack London - ilustrado por Enrique Breccia
La editorial Libros del Zorro Rojo ha presentado recientemente como novedad este libro, primorosamente editado, como es habitual en ellos, conteniendo tres historias del clásico escritor norteamericano Jack London, con ilustraciones de Enrique Breccia. Tres historias que tienen como tema común el mundo del boxeo, algo que, a priori, no nos pareció demasiado interesante pero que, merced al inmenso talento del autor, las han convertido en una lectura que sólo podemos calificar de imprescindible.

Los títulos de las tres historias, casi banales, apenas dejan entrever las bondades de aquello que están encabezando: Un bistec, El mexicano y El combate. Las tres tienen en común, como se ha mencionado, el mundo del boxeo, y contienen cada una la descripción minuciosa y paciente de un combate de este violento deporte. Sin embargo, se trata de historias fundamentalmente distintas, donde cada una utiliza la excusa del enfrentamiento pugilístico para recrear un ambiente, un tono y un centro de atención determinados. Lo importante, pues, no está en sí en la mera descripción más o menos lúdica de cada una de las luchas, sino en la carga de significados que el contexto previo y el propio desarrollo ponen sobre aquellas.

Así, Un bistec resulta una historia de las que la crítica suele llamar "crepusculares", con un luchador en el ocaso de su carrera, y con la que los lectores de cómic probablemente encontrarán -ha sido nuestro caso- ciertos paralelismos con las de los héroes de Frank Miller -muy particularmente con el Batman Dark Knight de la miniserie original de los ochenta-, hasta el punto que nos hace preguntarnos si no sería una influencia, directa o indirecta, de ésta y otras obras suyas.

El mexicano, en cambio, nos ofrece la otra cara: un luchador muy joven, apenas iniciado en los combates, y cuya motivación aparentemente es mucho menos banal que la del luchador de la historia anterior... Pero parte del mérito de Jack London está en conseguir que la implicación y la empatía con los personajes quede a un nivel similar, sea que sus héroes pretendan simplemente una cierta cantidad de dinero con la que salir del apuro, o facilitar toda una revolución. El acercamiento a ambos, por lo demás, es prácticamente opuesto; mientras que el protagonista de Un bistec nos habla prácticamente en primera persona -la formalidad del uso de la tercera persona no enmascara la omniscencia del narrador-, el de El mexicano queda retratado principalmente de manera tangencia, merced a las reacciones que provoca en los demás y a sus propios actos.

La tercera historia, El combate, tiene como trasfondo una relación amorosa y el conflicto de intereses, por así decir, surgido entre la pasión por el boxeo y la sentida por la persona a la que se ama. Es, quizá, la de desarrollo más convencional de las tres, pero su inesperado desenlace la aleja del tópico y forma, como las otras dos, un precioso estudio de las motivaciones, la voluntad y la dialéctica de los deseos en el ser humano.

Y es que esto es, quizá, uno de los factores que hacen que las historias de boxeo de Jack London trasciendan el mero relato de entretenimiento y se conviertan en clásicos instantáneos. Su estilo sobrio, sus desenlaces a contrapelo y su ausencia de moralinas y moralejas las convierten en retratos desnudos de la naturaleza humana, conducidos por una voz magistral que deja al lector ser juez y jurado, rehuyendo lo edificante del apólogo al que los diferentes planteamientos parecerían invitar.

Mención aparte merecen las extraordinarias ilustraciones de Enrique Breccia. Éste es, como saben, el hijo del gran Alberto Breccia, y se ha dedicado, como su padre, al cómic, la ilustración y, en general, al mundo del arte gráfico. Tan sólo podemos suponer lo que puede representar la carga de llevar semejante apellido, pero también confirmar que su inmaculada trayectoria, plena de reconocimientos, y las bondades de su propio arte alejan de inmediato el fantasma de cualquier intento de comparación. Y como muestra el botón de las ilustraciones de este libro, cargadas de fuerza expresionista y perfecto contrapunto de la vitalidad de las narraciones.

Ya sólo nos queda invitarles, ya que no podemos obligarles, a la lectura de este libro, el cual, por lo demás, se presenta en una lujosa edición, a un gran tamaño -para tratarse de un libro, se entiende- cuyas ilustraciones justifican, en tapa dura con sobrecubierta, en una edición mimada y a la altura de lo que la editorial nos tiene acostumbrados. Los aficionados a la buena literatura no deberían dejarlo pasar, quienes gusten de la ilustración encontrarán un auténtico modelo a seguir, y nuestros habituales lectores de cómic tal vez encuentren, como nosotros, ecos del citado Frank Miller. Unos y otros saldrán, sin duda, recompensados.

No hay comentarios:

Archivo del blog