ASILO ARKHAM: LOCURA, de Sam Kieth

Sam Kieth es, por decirlo de algún modo, uno de los autores más extraños e inclasificables que, por una razón u otra, pululan por el mainstream yanqui. Dueño de un grafismo muy personal, sus historias -sean o no con personajes conocidos- difícilmente encajan con el tono habitual que esperaríamos encontrar en uno de los comics editados por alguna de las grandes editoriales norteamericanas. El mismo autor parece sorprenderse -y así lo confiesa en uno de los textos que contiene el tomo que hoy les comentaremos- del crédito que los editores parecen darle, y desde nuestra perspectiva lectora no podemos menos que coincidir con él en esa parte... Aunque, por otra, nos alegremos de que Kieth tenga la oportunidad de seguir trabajando y publicando sus obras bajo focos de tanto protagonismo.

Asilo Arkham: Locura, la novela gráfica original que Planeta de Agostini acaba de hacer llegar a nuestras librerías, en una lujosa edición en tapa dura, es un buen ejemplo de lo que hace tan singular y notable a Sam Kieth. Puesto ante la tesitura de realizar una historia enmarcada en el universo de Batman, Kieth se centra en el conocido Arkham Asylum y sus peculiares inquilinos, pero no para llevar la narración desde el punto de vista de los mismos, o bien de alguno de los personajes encargados de conducirlos habitualmente hasta allí -desde Batman al comisario Gordon-, sino en el personal anónimo encargado de atender las necesidades del lugar y de las personas que lo habitan. Concretamente, el personaje conductor y desde cuya voz seguimos toda la trama es Sabine, una de las enfermeras que trabajan, a su pesar, en el manicomio Arkham. Junto a ella médicos, guardias de seguridad y demás personal nos muestran lo que supone hacerse cargo de los psicópatas más peligrosos de Gotham, en un giro cuya moraleja vendría a ser que, más que tener a gente como el Joker encerrada en Arkham, son, parafraseando a Rorschach, esos seres humanos anónimos quienes están encerrados con los psicópatas.

Visto el suficiente número de obras de Sam Kieth en conjunto, nos damos cuenta de cómo éste suele preferir como protagonistas de sus historias a personajes en apariencia anodinos, antihéroes generalmente femeninos, ni muy guapos ni muy feos, ni muy inteligentes ni tarados, gente corriente que hace lo que puede por sobrevivir en circunstancias a veces extraordinarias. La Sabine de este Arkham Asylum es un buen ejemplo, como lo son la protagonista de Zero Girl, las mujeres de Four Women, la "novia" del Joker en Batman: Secretos, o Julie, la trabajadora social de The Maxx... Este tipo de tratamiento permite, sin duda, un acercamiento distinto cuando se trata de comics con personajes de franquicias, tipo Marvel o DC, y en este Arkham Asylum en particular resulta muy interesante la versión de personajes como el Joker, visto a través de los ojos de sus víctimas. Éstas no son sólo, e incluso no principalmente, aquellos crash test dummies cuyos cadáveres siembran las páginas de los tebeos donde aquel hace su aparición, sino aquellos teóricos encargados de mantenerle bajo condiciones de seguridad y contribuir a su -utópica- rehabilitación.

Ahora bien, tal vez el personaje principal del cómic sea el propio edificio de Arkham, un edificio que se siente como algo vivo y que contagia a todos sus habitantes de una especie de locura y desesperación subrepticias que van calando poco a poco, pero inevitablemente, en todos ellos. A través de diferentes escenarios y objetos -la bañera junto al árbol, el reloj sangrante, la colección de objetos de broma del Joker- todo aquello que, en otro contexto, sería cotidiano, tranquilizador, casi invisible por lo común, se transforma en este Arkham en presencia fantasmal, en misterio y, al final, en horror. Horror al que los anónimos trabajadores de Arkham están ligados por una u otra razón; razones, además de lo más prosaico -la necesidad de mantener un trabajo, por ejemplo; Kieth no deja de meter entre líneas otra de las constantes de su trabajo, esto es, cierta sensibilidad para los problemas sociales (y en sus obras siempre solemos encontrar enfermeras, médicos, profesores, trabajadores sociales, etc.)- La tensión a través de una sola jornada de trabajo, desde la plácida llegada de Sabine al manicomio y su conversación con su hijo, hasta el tremendo final de la obra, va aumentando de intensidad, aunque -y tal vez porque- el aire de cotidianidad, por más malsana que esta sea, no se abandona en ningún momento. Es otro tipo de tensión que también aparece en la obra, y en general en Kieth, entre lo extraordinario, lo terrorífico, y lo más común y corriente, tensión que, de algún modo, no llega a resolución. Y quizá sea eso lo más inquietante.

Por lo que hace a la parte gráfica, quien conozca obras anteriores del autor ya sabrá más o menos a qué atenerse, por más que en este cómic se nota que Kieth ha querido continuar explorando sus propios límites y las posibilidades de su peculiar estilo. Desde el detalle ultrarrealista al boceto -en apariencia- apresurado, desde la pintura cuasi-expresionista al cartoon, no por más ecos inevitables -Sienkiewicz en primera línea- que encontremos en sus viñetas dejará de sorprendernos: excesivo, a veces grotesco, lo cierto es que si algo cuesta de hacer con su arte es tratar de definirlo. Dicho sea de paso, Sam Kieth es todo lo contrario de un artista egocéntrico y pagado de sí mismo: muy autocrítico -sólo hay que echar un vistazo al texto que concluye el tomo-, perpetuamente insatisfecho con su trabajo, éste debe ser el factor principal que le empujaría no sólo a superarse a sí mismo en cada obra, sino a hacerlo de maneras, dentro de lo posible, renovadas, con lo que, pese a que siempre es un autor reconocible, entre uno y otro de sus títulos siempre encontremos variantes. Un ejemplo lo tenemos en su visión del Joker en este título, muy distinto al que pudimos ver en una obra relativamente cercana en el tiempo, el ya citado -y excelente- Batman: Secretos.

Sam Kieth es, insisto, uno de los autores más singulares y más interesantes que han trabajado en editoriales como Marvel, DC o Image. Su obra quizá no sea para todos los paladares, pero es también de esos autores a los que se sigue sistemáticamente, cuyas obras se adquieren sólo por estar firmadas por él, y no por pertenecer a una determinada franquicia. Y este tomo es un nuevo paso en la evolución de su autor, una lectura excelente por sí misma y, si me preguntan, una auténtica maravilla de narración -e ilustración- en viñetas. Así que mi recomendación sincera es que, si no han probado todavía al autor, le den su oportunidad. Y, si ya le conocen y tal vez no les convenció, que lo intenten de nuevo. El resto debe tener ya el tomo en sus estanterías, o lo tendrán pronto, así que no insistiré.

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Enlaces:

Sam Kieth sobre Asilo Arkham.
El blog de Sam Kieth.
A Fran J. Ortiz también le gusta Sam Kieth.
Sam Kieth en Ui Ar De Japis.

2 comentarios:

Hoi Poi dijo...

Estoy completamente de acuerdo... Sam kieth és un genio. Raro, rarísimo, pero en definitiva un genio. Su dibujo te transporta a un mundo casi onírico, a su particular visión de las cosasy, en este caso, te transporta a la locura haciéndotela vivir en tus propias carnes. Soy un Kieth-fan y esta obra me ha parecido muy interesante aunque me atrevería a decir que su anterior aportación al universo del murciélago (Secretos) me gustó más. Aunque no quiero precipitarme ya que ambas se merecen varias re-lecturas.
Y POR CIERTO, ¿Os atreveriais con una crítica de the maxx? O de Ojo?

Werewolfie dijo...

Atrevernos nos atrevemos, que la ignorancia es así de valiente. :P Otra cosa es hacerle justicia, que nosotros también somos muy ultrafans de Kieth. :)

Saludines!

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