JEMM, HIJO DE SATURNO, de Greg Potter y Gene Colan

Jemm, hijo de Saturno - Greg Potter - Gene Colan
Planeta de Agostini nos trajo el pasado mes de diciembre dos títulos muy especiales que vienen a servir de homenaje a uno de los artistas clásicos del mundo del cómic: Gene Colan. Un autor cuya trayectoria prácticamente resume la historia del cómic mainstream yanqui desde los años 40 hasta hoy, en un currículum envidiable con presencia en innumerables editoriales, series y personajes de importancia.

Después de ser uno de los autores más destacados durante la Silver Age de Marvel, Gene Colan -al parecer, por problemas con el entonces editor en jefe, Jim Shooter-, pasó a DC Comics a principios de los 80. Allí tuvo la ocasión de dibujar a los que deben ser los tres personajes más icónicos de la editorial: Batman (en una etapa que está próxima a aparecer por aquí, en la colección CDC en blanco y negro que está editando PdA), Superman y Wonder Woman. Y justamente estos dos personajes protagonizan el segundo título al que nos referíamos más arriba, y del que tal vez hablaremos en otra ocasión.

Además de a estos personajes, Gene Colan dibujó a otros como El Espectro, y participó en varios proyectos especiales con personajes de nuevo cuño. Así, en colaboración con Don McGregor en dos miniseries con Nathaniel Dusk -que al parecer PdA también tenía intención de recopilar en tomo este mismo mes, cosa que al final no ha ocurrido-; con su compañero en la clásica Tomb of Dracula, Marv Wolfman, en Night Force; con Cary Bates en Silverblade; y, por supuesto, con Greg Potter en la serie que les pasamos a comentar, Jemm, hijo de Saturno.

Con fecha de portada de septiembre de 1984, aparecía el primer número (de doce) de esta maxiserie, firmada por Greg Potter al guión, Gene Colan al dibujo y Klaus Janson a las tintas, con color de Tom Ziuko. Su protagonista, un príncipe del planeta Saturno llamado Jemm, era una especie de Detective Marciano de color rojo y, en efecto, J'onn J'onnz fue la inspiración original, ya que era quien en realidad iba a protagonizar la serie. Sin embargo, diversos problemas de comercialidad y continuidad, al parecer, lo desaconsejaron, con lo que Potter optó por crear un personaje de nuevo cuño, aunque muy similar en varios aspectos.

La carrera de Potter como guionista es algo difícil de rastrear, pero es básicamente conocido por haber colaborado con George Perez en el relanzamiento de la Wonder Woman post-Crisis en las Tierras Infinitas, aunque su presencia en el título apenas duró unos números. Ahora bien, este Jemm, hijo de Saturno parece dar mejor medida de sus capacidades, puesto que el guión y la concepción del personaje y su entorno es completamente suya, al contrario que en la serie de la amazona, donde Perez intervino sustancialmente en ambos aspectos.

Nos encontramos, así, con una serie en la que resulta llamativo -para la época y el contexto, se entiende- el tono socio-político de la historia, vehiculado tanto en los aspectos de la sociedad ficticia del planeta Saturno, de donde Jemm es originario, como en los personajes secundarios de la Tierra a donde va a recalar éste. El contraste entre los "socios" que va haciendo Jemm en la Tierra -pilluelos, ladronzuelos, indigentes, etc.-, y los villanos de la historia -una especie de Richelieu, un manipulador de intereses económicos y políticos a la sombra de un senador norteamericano, por un lado, y una femme fatale que dirige a un ejército de saturnianas castrenses, por el otro- permite a Potter hacer algo de crítica social a través de la ficción, sin necesidad de leer mucho entre líneas. Ahora bien, en mi opinión, precisamente este aspecto resulta demasiado explícito y hace que la lectura sea a ratos bastante aburrida, por no decir molesta. Los personajes parecen a veces simples excusas para dar el discurso político de turno, quedando un tanto vacíos y con aspecto de guiñoles. La falta de carisma de su personaje principal, por lo demás, es francamente alarmante, y queda lastrada aún más por el incómodo niño con el que establece una relación un poco estilo E.T., y que me resulta, siendo amables, sonrojante. Lo cierto es que la historia la despacharía como francamente olvidable, y la cosa tampoco me invita a profundizar mucho más.

Ahora bien, la estrella del tomo y el argumento principal que justifica su presencia en el mercado y, si me preguntan, su compra incondicional, es el maravilloso arte del genial Gene Colan. Extendernos en las bondades de este proverbial "maestro de las luces y las sombras", creador de ambientes y texturas inquietantes, dotado como pocos para la creación de atmósferas y personajes oscuros y tenebrosos, además de sinpar narrador, hábil con las perspectivas, con los diseños y la distribución de las viñetas, espectacular cuando se requiere, expresivo y expresionista, es repetir lugares comunes al hablar del autor. Como también lo es referirnos necesariamente al entintador o entintadores de turno, un papel que, en un autor como Colan, que creaba sus peculiares texturas con el lápiz, resulta fundamental en el resultado final.

En esta serie Colan fue entintado por dos conocidos profesionales, encargándose cada uno de la mitad de números: Klaus Janson, primero, y Bob McCleod, después. Janson, al que sin duda recordarán por sus tintas en el clásico Daredevil de Frank Miller, impone sin duda su propio estilo en el entintado, casi imponiéndose a los lápices sobre los que trabaja. En el caso que nos ocupa, la sensación es irregular, pues hay episodios donde el resultado final es poco menos que excelente, complementándose muy bien con el trabajo de Colan, pero, por desgracia, el nivel no se mantiene durante toda su colaboración. En cambio, con McCleod, que hace una interpretación más "limpia" de los lápices, tal vez se mantiene una mayor regularidad, aunque el resultado no resulte tan llamativo.

Sobre la edición en sí, supongo que pocos se quejarán: buen tamaño, tapa dura, papel de buena calidad, una reproducción excelente, sin escaneados y con el color plano -desapareciendo los puntitos con los que se reproducían los tebeos de la época-, artículo introductorio, fichas de autores, portadas (eso sí, alguna reproducida en B/N, a falta de materiales para hacerlo en color) y algún pin-up; en suma: una edición de auténtico lujo y prácticamente intachable.

En resumen: un tomo sencillamente imprescindible para todos los fans de Gene Colan, quienes podemos disfrutar de su arte en una edición en condiciones, con el aliciente, además, de verle entintado por dos autores no habituales -siempre resulta curioso observar los a veces espectaculares cambios en su estilo dependiendo de este factor-. La historia, como es natural, convencerá más a unos lectores que a otros -ya les digo que a mí no mucho-, pero mientras lo dibuje el bueno de Gene, por mí como si el guión es una lista de la compra. Y ya sólo nos falta que las ventas acompañen y PdA se anime con el resto de títulos de Colan para DC, la mayoría de los cuales con una pinta estupenda...

2 comentarios:

Mo Sweat dijo...

Amén.

Cualquier cosa que publiquen de Colan vale la pena, aunque sea solo por su dibujo.

No sé que pasaría con lo de Nathaniel Dusk... igual que no se que ha pasado con el segundo tomo de Los Doce de J.M. Straczynsky... hace un momtón de tiempo que Panini publicó el primero y ¿...?.

Werewolfie dijo...

Pues estamos de acuerdo, Mo. La de tebeos mediocrillos o directamente malos que tengo sólo por estar dibujados por él... Y no me arrepiento, al contrario.

Sobre lo del Nathaniel Dusk, esto es lo que dicen en los FAQs de la web de PdA (corto y pego):

NATHANIEL DUSK HA TENIDO PROBLEMAS DE ÚLTIMA HORA CON MATERIALES Y SE HA POSPUESTO HASTA QUE NOS DEN SOLUCIÓN.

De lo de Panini ni idea...

Saludines.

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