BATMAN CONFIDENCIAL: LA GATA Y EL MURCIÉLAGO, de Fabian Nicieza y Kevin Maguire

Batman Confidencial - La gata y el murciélago
Con la cosa del síndrome post-Watchmen-DK, ya tardío, a guionistas y editoriales parece olvidárseles a veces que un tebeo de superhéroes/vigilantes enmascarados también puede ser divertido. Y punto. O sea, que no es necesario meter drama, muerte, oscuridad, épica y otros elementos grandilocuentes -y a veces algo fuera de lugar- por sistema, que hay otros modos de contar buenas historias con esos personajes que, tras tantos años, hemos aprendido a apreciar e incluso querer, más allá de sus vidas de papel. Quiero decir que incluso una aventura sin visos de trascendencia puede ser una excelente ocasión para indagar en las personalidades de los protagonistas, fuera de la presión extrema a la que en demasiadas ocasiones se les ve sometidos, viendo así su lado más cercano, más humanizado, con el que, por lo demás, más fácil resulta empatizar. Si, además, por el camino nos cuentan una historia plagada de guiños, donde prima el sentido del humor y la diversión pura y dura, pues oigan, al menos servidora lo agradece. Y mucho. Hasta el punto de recuperar puntualmente la fe en un subgénero, éste de las mallas, que demasiados disgustos me ha dado durante los últimos años, hasta el punto de tenerlo ya algo abandonado...

Lo que tiene narices es dónde y a cargo de quién se ha publicado esta pequeña maravilla que es la historia que Planeta de Agostini Comics ha recopilado en un bonito tomo en rústica con el título La gata y el murciélago. Se trata de la colección Batman Confidencial que, por lo que supongo y he podido indagar -confieso no seguirla regularmente-, se trata de una especie de paraguas editorial donde diferentes equipos creativos cuentan historias del Universo Batmaniano y su Bat-Familia, situados básicamente al principio de las carreras de los protagonistas. Una forma que en el fondo, supongo, trata de conseguir una colección al margen de los típicos condicionamientos editoriales tipo crossovers y demás zarandajas, dando, de paso, cierta libertad para los planteamientos de los diferentes guionistas y dibujantes.

Pues bien, el arco argumental que ocupa los números 17-21 de la serie original quedó a cargo del guionista Fabián Nicieza y el dibujante Kevin Maguire. Autores que tienen en común, aparte de el hecho de haber trabajado juntos con anterioridad, el de ser algo así como no-tan-viejas-glorias que han pasado con el tiempo a un segundo plano. El primero sonará sin duda a quienes hayan leído mucho cómic "hot" de metahumanos yanqui durante los noventa, y no hará falta hacer un repaso de su ya dilatada carrera. El segundo ha pasado a la posteridad del medio especialmente por su brillantísima etapa, junto a Keith Giffen y J. M. DeMatteis, en la JLA, etapa que Planeta de Agostini ha recuperado no hace mucho y que, por lo demás, les recomiendo encarecidamente.

Ya intuirán, pues, la premisa de partida. Dos autores a los que quizá prácticamente ningún editor se atrevería a concederles las riendas de algún título de cabecera, unidos de nuevo para completar un arco argumental en un pequeño rinconcito del Universo DC, donde no interfieren con la continuidad presente ni con los líos de planes editoriales, megaeventos y demás. Vamos, que no es que todas las cámaras estuvieran fijadas sobre este arco argumental en el momento en el que se publicó, y dudo que se hayan pasado mucho por allí después. Una lástima pues, como trataré de explicarles a continuación, el cómic vale, en mi modesta opinión, muchísimo la pena.

La premisa de la historia, un mero mcguffin, es tremendamente modesta y no parece que pudiera dar demasiado de sí. Catwoman le roba a Barbara Gordon (Batgirl, en el momento de la historia) la agenda de su padre, el comisario Gordon, y se inicia una frenética persecución que dura prácticamente toda la historia, con cambios de mano y nuevos personajes sobre el tablero, complicándose progresivamente la trama, aunque no en exceso. Y ya está. Incluso podemos adivinar el final mucho antes de que se produzca. Ahora bien, como les decía, la trama no es más que una excusa para conseguir, creo yo, dos cosas básicas. La primera es mostrar las personalidades, motivaciones y capacidades de dos caracteres en principio tan opuestos como unas jóvenes Barbara Gordon y Selina Kyle, en sus roles respectivos de Batgirl y Catwoman. En este aspecto Nicieza hace un excelente trabajo, tirando incluso de un recurso que parece algo "pasado de moda" como es el de mostrar en cuadros de texto el pensamiento de las protagonistas. El contrapunto entre ambas voces genera momentos muy humorísticos, conseguidos de forma tan hábil como, en el fondo, a través de una cuestión de oficio por parte del veterano guionista.

La segunda consiste en preparar una trama para el lucimiento de Maguire, teniendo en cuenta cuáles son los puntos fuertes del dibujante. Es casi lugar común destacar la capacidad de éste para la expresión facial, para la expresividad de sus personajes, y desde luego esto resultará evidente para cualquier lector. Sin utilizar un estilo descaradamente caricaturesco, manteniéndose todavía apegado a un cierto estándar del cómic superheroico "de toda la vida", Maguire desarrolla un registro de expresiones y muecas de una amplitud y resultado al alcance de muy pocos artistas de los que trabajan en su mismo contexto, sin necesidad para ello de mimetizar recursos propios de, por ejemplo, el amerimanga o la caricatura o, si lo hace, sin perder la propia apariencia de tebeo "yanqui-de-superhéroes".

Ahora bien, la habilidad de Maguire no se limita a esto, sino que es, además, un dibujante con una gran capacidad para generar dinamismo y espectacularidad, sin por ello dejar de ser un consumado narrador en imágenes. Las escenas de acción -tanto de lucha como del frenético juego del ratón (perdón, el murciélago) y el gato que ocupa buena parte de la historia- están coregrafiadas de forma sobresaliente, y desde luego éste es uno de esos comics en los que sería posible seguir la historia sin prácticamente leer los textos. Llegados a este punto, hay algo que prácticamente no puedo explicarme. Entiendo que el estilo, que destaca por su habilidad para la comedia, de Maguire no "pegue" con buena parte de las historias oscuuuuras y tenebrooooosas con muertos a mansalva de lo que es a día de hoy un tebeo del mainstream, pero... ¿No sería una gozada ver a Maguire dibujando a un personaje que se presta a historietas de este tipo, como el mismo Spiderman? ¿No sería casi un sueño ver una nueva serie protagonizada por Plastic Man y dibujada por Maguire? ¿A que si lo piensan un poco se les ocurren muchos más personajes a los que este dibujante iría como anillo al dedo? ¿Será que el mercado, ese extraño ente regulado, según dicen, por una "mano invisible" no está para estas cosas? Dejémoslo ahí.

En resumen: una historieta divertida de verdad, una auténtica comedia que une el slapstick o humor visual con el verbal, con unas protagonistas muy bien caracterizadas y que tienen la hoy en día algo extraña virtud de conseguir caernos bien, sin fisuras. Un tebeo, además, con momentos antológicos como la escena en el club nudista, y que está dibujado con extraordinaria solvencia por un Kevin Maguire que sigue, muchos años después de su mítica JLA, en un estado de forma envidiable. Así que ya saben, si quieren leer una historia autoconclusiva donde un rato agradable y ameno de lectura está prácticamente garantizado, además de que tanto Barbara como Selina es muy probable que consigan hacerse un hueco en sus corazoncitos frikis -entre otras cosas, porque, algo que no hemos mencionado todavía, no le falta carga erótica al cómic-, no dejen de hacerse con este tomo. Y pongamos (otra) velita a San Kirby para poder ver más tebeos de este tipo que nos alegren el día, que para masacres ya tenemos los telediarios...

2 comentarios:

Oneyros dijo...

Hoy mismo se lo ha comprado un amigo ahora tendre que echarle un vistazo, me has picado :D

Werewolfie dijo...

Pues ya me contarás... :)

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