ORQUÍDEA NEGRA, de Dick Foreman, Jill Thompson y Rebecca Guay

Orquidea Negra de Dick Foreman, Jill Thompson y Rebecca Guay
Planeta de Agostini, dentro de su "Biblioteca de Lucien" (sello destinado a rescatar títulos más o menos antiguos de la línea Vertigo de DC Comics), editó recientemente este grueso tomo, el cual contiene la serie completa de Orquídea Negra publicada entre 1993 y 1995, y que duró 22 números hasta su cancelación. Todos los episodios fueron escritos por el casi desconocido Dick Foreman, y fueron dibujados por Jill Thompson, primero, y Rebecca Guay, después.

Primero unas palabras sobre los autores. De Dick Foreman apenas tenemos noticias, ya que, aparte de haber escrito esta serie, apenas hemos encontrado un par de números de la Cosa del Pantano y alguno de Hellblazer que cuentan también con guiones suyos. Su caso no parece ser el único en la época, en el sentido de que, tanto en Vertigo como en, por ejemplo, Piranha Press -dos de los sellos "adultos" de DC- escribieron algunos comics ciertos guionistas de los que a continuación apenas hemos sabido nada.

Más les sonará, seguramente, Jill Thompson, tanto por su serie en solitario más conocida -La Bruja Madrina, de la que algo hemos visto por aquí-, como, en especial, por sus constantes colaboraciones con títulos de Vertigo, entre los que se encuentran series tan populares como The Sandman o The Invisibles.

Por último, el nombre de Rebecca Guay, más que a los lectores de cómic, tal vez debería sonarles a los aficionados al juego de cartas de Magic, ya que ha ilustrado, al parecer, un buen número de las mismas. Por lo demás ha sido bastante prolífica, al menos en cuanto al número de editoriales para las que ha trabajado; pueden curiosear un poco sobre estas cosas y ver algunas muestras de sus ilustraciones en su web.

Y entramos en el cómic en sí mismo. Probablemente supieran ya que el origen de esta serie se halla, en realidad, en una miniserie prestige -recopilada también en tomo por Planeta de Agostini hace un tiempo-, de nada menos que Neil Gaiman y Dave McKean. En Zona Negativa hay un excelente artículo de José Torralba sobre ella, así que a éste les remito. El caso es que el éxito -relativo, al menos- de dicha miniserie debió animar a los editores a dar una oportunidad al personaje. Ya saben que en aquella época fue una especie de moda coger a personajes semiolvidados o "condenados" de la editorial y "reconvertirlos" en personajes-Vertigo, con todo lo que eso supone: Shade el hombre cambiante, Animal Man, La Cosa del Pantano o esta Orquidea Negra son algunos ejemplos. Así echó a andar, pues, la serie de ésta última, que alcanzó la cifra ya mencionada de 22 números más un Anual (que imagino debe andar junto a los recopilatorios de La Cruzada de los Niños, editados por Planeta).

Jim Foreman, según creo, debió de tener algunos problemillas a la hora de enfocar la serie. Empieza más o menos bien, creando cierto misterio y expectativas, pero bien pronto los episodios empiezan a sucederse con cosas quizá demasiado deudoras de las auténticas "grandes espadas" de Vertigo; en especial hay como mucho déja vu de la inimitable Swamp Thing de Alan Moore... Pero también bastantes que suenan a The Sandman, o incluso a la miniserie original de Gaiman... Lo cual no estaría mal, ¡si la hubiera escrito Foreman! El caso: un poco de magia, otro poco de antropología de andar por casa, unos algos de escritura, ejem, pseudopoética o qué sé yo, unos cuantos seres míticos, una corporación-no-tan-en-la-sombra... Y voilà, he aquí un batiburrillo que, sí, "suena" a Vertigo... Pero que no termina de remachar, en parte por su falta de originalidad, en parte por su carencia de "algo" que realmente enganche a la lectura. En mi opinión, vamos.

A ver, no es que la serie esté mal: yo creo que se deja leer, es más o menos entretenida, lo que pasa es que ni enamora, ni evita que estemos pensando un poco demasiado en los referentes en los que, diría que en exceso, se "inspira" Foreman. El problema, tal vez, es que esto es un cómic de Vertigo, y estamos más o menos acostumbrados a que cada autor de los que ha triunfado en el sello desarrolle obras que se caracterizan, justamente, por ser muy personales. Esto con los tebeos de superhéroes, claro está, no ocurre: hay docenas de guionistas prácticamente intercambiables, y nadie se va a quejar por eso: sólo hay que seguir la "moda", y en paz; si ahora tocan Millar, Bendis y Johns, pues se escribe más o menos en su línea y después gloria. Ahora, como decía, a esto en Vertigo no estamos acostumbrados y, lo que en DC sería virtud, en Vertigo es necesidad. Qué le haremos.

El dibujo anda un poco en la línea de los guiones. Tanto Jill Thompson como Rebecca Guay hacen un trabajo digno, lo cual no tiene poco mérito en un sello Vertigo que tiene, diría yo, algunos de los tebeos peor dibujados que he leído en mi santa vida, en especial durante los primeros años del sello (y ya saben que se dice el pecado, pero no el pecador). O sea, un trabajo digno, pero tampoco especialmente brillante, con lo que éste tampoco será un argumento de peso a favor del tomo.

Una notita sobre la edición. Aparte de que 35 euros, bien mirado, no es un mal precio para 22 tebeos en color, se echa a faltar cierto "detallito": las portadas, que firmó justamente -si mal no recuerdo, ahora no encuentro el dato- Dave McKean y que quizá sean por ello el mejor argumento del cómic, no se incluyen. Bueno, sí, una: la de la cubierta del tomo. Y ya está. Cuando pienso en el pifostio que se lió por la dichosa portadita del All Star Superman, y que aquí parece ser que nadie ha dicho ni mú... Pues mucho mejor, miren.

En resumen: un tebeo para fan fatales de Vertigoverso. Un rato agradable de lectura también puede darles al resto, pero de esto no les daré demasiadas garantías. No sea que luego se acuerden de mis pobres antepasados.

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