LA MEMORIA INVISIBLE, de Fco. Javier Pérez y Ernesto Rodríguez

La memoria invisible, de Fco. Javier Pérez y Ernesto Rodríguez
Si hace poco les hablábamos de Antifuente, la novela de Fco. Javier Pérez editada igualmente por Viaje a Bizancio, hoy lo haremos sobre un cómic escrito por el mismo autor, con dibujos de Ernesto Rodríguez. Un cómic que nos reafirma en las impresiones que obtuvimos de aquella lectura, y que sigue añadiendo piezas al personal mundo de ¿ficción? de este personalísimo autor... Un autor al que seguramente le costará dar con la fórmula para llegar a un público amplio, al menos sin renunciar a su peculiarísimo estilo e inquietudes, pero con el que aquellos lectores y lectoras que ya lo hemos descubierto no podemos menos que felicitarnos por ello, añadiéndolo a ese escaso catálogo de creadores cuyo trabajo se inscribe en los márgenes de cualquier corriente literaria vigente en la actualidad: autores "de culto", "minoritarios", "underground", si quieren. De todos modos, ni van a encontrar etiquetas más allá de lo genérico (y tan abstractas como poco descriptivas, en realidad), ni, de hallarlas, les ayudarán en la lectura. Dejémonos de atajos de crítico facilón, pues. Bienvenidos a La memoria invisible.

Ni se me pasa por la cabeza tratar de contarles de qué va la historia. Les puedo decir que no esperen una trama lineal, con su principio, nudo y desenlace. Tampoco juega a la rayuela, ni siquiera a la estructura mediante flashbacks. Se trata quizá, más bien, de hilos que van asomando a medida que avanza la lectura, fragmentos de un complicado tapete cuya imagen completa no llegaremos a alcanzar al llegar a la última página. O mejor dicho, la labor de costura es dejada al lector, que será el encargado de ir bordando los diferentes hilos hasta dar con la escena que sea capaz de reconstruir. Pero no es una escena plana, donde cada elemento se sitúa en su lugar: los hilos se retuercen formando espirales y, como nos dice uno de los personajes, "¿Dónde empieza y acaba una espiral"? Ni que decir tiene que el resultado, amén de perpetuum mobile de por sí, mutará no sólo de un lector a otro, sino en sucesivos intentos de un mismo lector, siempre escapándose, inaprensible. La lectura no es sencilla, pero, a cambio, ofrece una gran cantidad de motivos a cuál más sugestivo, y tal vez el mejor modo de acercarse a la misma -al menos, si quieren evitarse decepciones- es la de esperar lo inesperado, dejándose asombrar por cada sugerencia, por cada uno de los afectos -no conceptos, difícilmente se está apelando a nuestro lado racional-constructivo- de la historia. Sentido de la maravilla, intuición inefable, cerebro reptiliano, lado mágico de nuestro carácter: a todo ello se nos está apelando. Veremos si todavía seremos capaces de despertar a los durmientes.

Sobre el dibujo, quizá éste sea el aspecto que menos nos ha convencido. En sí no pensamos que sea malo, aunque tampoco lo contrario; el problema tal vez sea que no acaba de resultarnos apropiado para el tipo de historia. El coloreado tampoco ayuda, lleno de degradados y brillitos de photoshop que, en nuestra opinión, no casan en absoluto con el tono del cómic. De todos modos, cumple como vehículo narrativo para la historia y, en este caso, con ello nos damos por satisfechos.

Por último les comento que van a encontrarse con algunas sorpresas, en forma de guiños a la cultura POP!, en las páginas finales del cómic, un broche genial para cerrar el volumen con esa ironía postmoderna que, sin restarle nada a lo leído, añade un adecuado contrapeso que evita cualquier intento de acusación de pedantería y/o voluntad de trascendencia. Un hilo más en las espirales. Tengan cuidado al internarse en el maelstrom.

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