ABARA, de Tsutomu Nihei

Una de las novedades que a priori más interesantes me parecían entre el aluvión que ha aparecido más o menos a propósito del pasado Salón del Cómic de Barcelona es justamente este Abara, del gran Tsutomu Nihei. Ya saben que ni el autor es especialmente prolífico -tratándose de un mangaka, se entiende-, ni ha sido fácil ni rápido que llegase su obra a nuestro país, desde los ya algo lejanos Blame! y Noise editados por Glénat. Y también sabrán que ahora ha sido Panini la que ha recogido el testigo, y nos ha traído, aparte de su trabajo en Marvel Wolverine: Snikt! y la historieta recogida en el especial Halo Graphic Novel, la serie en curso del autor, Biomega. Y, por supuesto, la última en llegar, esta serie recopilada en tan sólo dos volúmenes, cuya primera entrega ya está en las librerías.

Lo primero que nos ha llamado la atención es el formato por el que ha optado Panini para esta edición, bastante más grande que el tamaño más o menos típico con el que se suelen editar los mangas en nuestro país. No es que en este sentido sea el único -Ikigami tenía un formato similar-, pero resulta algo extraño que, habiendo salido con relativamente tan poca diferencia temporal, Biomega mantenga el formato pequeño y este Abara salga grandote... En fin, esto no deja de ser anecdótico, y por lo demás -sobrecubiertas, tipo de papel, sentido de lectura oriental, etc.- la edición es como "muy de manga"... Y la ampliación le sienta de maravilla al hiperdetallista dibujo de Tsutomu Nihei. Eso sí, es una lástima que no se hayan incluído a color las páginas que, a juzgar por la reproducción, debían de serlo en la edición original: han quedado tremendamente emborronadas, por no decir que en color hubiesen quedado preciosas... Supongo que eso hubiera encarecido todavía más una edición que, a causa del citado aumento de tamaño, ya lo está bastante más de lo normal.

Ahora bien, lo importante es el contenido y, damas y caballeros, aquí sí que no hay pérdida: es Tsutomu Nihei en estado puro y directo en vena, así que o lo toman o lo dejan, o lo aman o lo odian, pero indiferente, lo que se dice indiferente, dudo que deje a muchos lectores.  Todo lo que ya les conté en mis comentarios sobre Noise y Biomega (tienen los enlaces más arriba) se repite en este Abara: arquitecturas imposibles, perspectivas oblicuas con puntos de fuga al infinito, largos espacios de silencio rotos por diálogos cortos, secos y ásperos, un estilo narrativo tremendamente críptico y complejo de seguir -esas escenas de acción en la que apenas te enteras de qué demonios está ocurriendo-, mutantes neocárnico-gigerianos, tecnología y ambientación cyberpunk, violencia gore, protagonistas misteriosos, poco habladores y con grandes poderes... Entre el seinen, la ciencia-ficción más o menos apocalíptica y el puro terror, Nihei mueve sus historias, parece, siempre bajo unos mismos parámetros; tanto es así, que da la impresión de que hay páginas enteras que podrían cambiarse de un manga a otro y no notaríamos la diferencia.

A ver, por si alguno de ustedes sigue más o menos habitualmente los comentarios sobre tebeos que hacemos en este blog, sabrán que aquí tendemos a alabar justamente al tipo de autores de cómic cuya narrativa es clara y nítida, que son más o menos originales en sus historias, y que son capaces de reinventarse en cada nuevo proyecto, manteniendo toda la coherencia que se quiera, pero que son capaces de innovar, de progresar, de crecer. Y ya ven que nada de eso parece aplicarse a nuestro querido Nihei. Y sin embargo, ya les digo que no es que nos encante, es que Tsutomu Nihei es probablemente uno de nuestros tres o cuatro mangakas predilectos... y quizá el predilecto. ¿Es una contradicción nuestra? Quizá. Pero es que las historias de Nihei tienen algo, un halo, un indefinible que las hace, para nosotros, absolutamente imprescindibles. Ese desasosiego que transmiten sus deteriorados y mastodónticos paisajes urbanos; esa fusión de la carne y la tecnología, con ecos de H. R. Giger, David Cronenberg (Long live the New Flesh!), Clive Barker, Sterlac, o el mismo  Katsuhiro Otomo; esos silencios estremecedores; esos protagonistas more inhuman than inhuman... Cada página de cada uno de sus mangas es un nuevo suplicio, una nueva prueba de temple, y, al menos en nuestro caso, una nueva rendición incondicional al -oscuro- talento de Tsutomu Nihei.

¿Cómo, que no entienden el argumento? Díganselo a David Lynch. O al pobre Richard Kelly -el de Southland Tales más todavía que el de Donnie Darko-. No hablemos de los hoy algo olvidados autores de la noveau roman... En fin, es lo que suele ocurrir con las vanguardias: el que va delante es el que primero se da de tortas con el enemigo. ¿Que su dibujo es sucio, que abusa de los rayados -esto a, ejem, Liefeld todavía no se lo perdonamos... claro que las GENIAL!idades de uno y otro son de palos bastante distintos-? Culpable de todos los cargos. Y narra fatal, ya les digo. Pero es que ESO es Tsutomu Nihei, y ya les decía al principio que, amigos, o lo toman o lo dejan. Quizá las personas que veneramos a este autor lo tenemos algo dificil a la hora de defender sus méritos, pero eso, tal vez, es porque ni siquiera nosotros terminamos de comprender muy bien qué es lo que, pese a todo, nos genera esta admiración. Claro que, ¿acaso hay algo que comprender, o no es justamente esa una de las claves que hacen grande a este peculiar artista de lo oscuro? Tan sólo nos queda, entonces, repetir una vez más nuestra recomendación: traten, al menos, de acercarse en alguna ocasión al particular universo de Tsutomu Nihei, a través de ésta o cualquiera otra de sus obras (para Japón, preferentemente). Y luego ya decidirán si son o no capaces de seguir habitando en ese abismo de colosos de cristal, cables, cemento y carne.

1 comentario:

Ternin dijo...

Yo lo tengo en la lista de la compra. Enamorado de Nijei hasta las trancas.

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