PIEL COLOR MIEL, de Jung Sik Jun Henin

Nunca es sencillo crearse una identidad. Endoculturados en un ambiente homogéneo, donde las diferencias no son percibidas como tales, quizá uno llegue a sentirse parte del ambiente, sin cuestionarse abiertamente quién es... hasta que algún hecho singular -caso de producirse- obligue a plantearse preguntas que, por su carácter mismo, han de quedar siempre abiertas. Ahora bien, cuando se es arrancado de la propia familia, del propio nicho social, del propio país, y se es trasladado de continente... entonces el hecho singular se produce antes de tiempo, y las preguntas por la propia identidad no pueden dejar de surgir.

Esto es lo ocurrido con Jung Sik Jun Henin, el autor de este Piel color miel que nos trae en la lengua de Cervantes Rossel, en un lujoso tomo en tapa dura, en edición numerada y con la calidad habitual en la casa editorial de Girona. Un tomo autobiográfico, narrado en forma de cómic, que es tanto historia puesta en imágenes secuenciales como, de cierto modo, exorcismo, búsqueda, aclaración propia.

El autor es, entonces, un coreano que, huérfano en su país, termina siendo adoptado por una familia belga. El contraste se hace tristemente evidente desde muy temprano, y aunque la plasticidad emocional propia del infante le permite un cierto grado de adaptación, las dudas existenciales y la búsqueda por las raíces de su propia identidad no pueden, como decíamos, dejar de surgir, lo cual le llevará a realizar su propia búsqueda sin término...

Llama la atención, en el contexto de la narración, el que Jung no se limite a transcribir las imágenes tal y como las visionó, tal y como pudieran quedar prendidas en su recuerdo "objetivo", sino que yuxtapone, mezclando capas de recuerdos, datos y acontecimientos, tanto estampas que podrían corresponder de forma más o menos similar a lo acontecido "realmente" como idealizaciones de lo narrado-recordado-evocado, estampas simbólicas, fabulaciones que resumen el universo rememorante del autor. El resultado imprime una dimensión adicional al mero registro de la memoria, convirtiendo, de forma paradójica, mediante la fantasía, lo que podría ser un árido catálogo de anécdotas en un auténtico despliegue de imaginación creadora.

Las influencias mezcladas asiáticas y europeas se muestran, también, en el dibujo, cuyo estilo parecería estar a medio camino entre el de la BD y el manhwa/manga, en una síntesis de resultados impecables. Claro visualmente, muy expresivo y, como decíamos, de composiciones muchas veces ficticias y simbólicas, consigue acompañar a la perfección el texto, dando el perfecto contrapunto visual a la narración.

En suma, nos encontramos ante un hermoso ejemplo de cómic autobiográfico, escrito con un tono ligero y optimista que contrasta con el dolor de fondo, en esa búsqueda sin final de un nombre propio y todo lo que eso conlleva. Hecho desde una madurez que aporta serenidad al relato, resulta perfecto para regalar a aquellas personas que no suelen leer comics, como muestra de la enorme potencialidad del medio para cosas tan sencillas, y a la vez tan complicadas, como hilar la narración de la propia vida.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El libro esta muy bien expresada y es muy bonita.

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