I DIE AT MIDNIGHT, de Kyle Baker

I die at midnight, de Kyle Baker
Seguimos recuperando tebeos del gran Kyle Baker. Después de comentar El Show de Cowboy Wally, hoy lo haremos con este I die at midnight ("Muero a medianoche"), tebeo realmente interesante que publicó en su día Norma Editorial en un tomito prestige que, pese a estar descatalogado, todavía podrá encontrarse en algunas librerías especializadas (y que, de todos modos, pueden leer online en la página de Kyle Baker... a baja resolución y, obviamente, en inglés, así que quedan avisados) [ACTUALIZACIÓN: el enlace ya no está activo, con lo que hemos tenido que eliminarlo].

Empezamos previniendo: no vamos a poder contar nada de la trama del tebeo. A las cuatro páginas ya tenemos montado el lío y, a partir de aquí, entramos en la montaña rusa hasta la página sesenta y tres en que termina el cómic. Contarles cualquier cosa sería reventarles la sorpresa; confíen, pues, en nuestra palabra si les decimos que una se quedó ya a cuadros después del arranque de la historia y que, a partir de aquí, fue cosa de flipar página tras página.

Y es que estamos ante un auténtico prodigio de ritmo, inteligencia narrativa y habilidad para desarrollar una trama. Kyle Baker es un cartoonist de pura raza, diríamos, y maneja los recursos a su alcance para provocarnos emociones continuas, de la preocupación, del temor incluso, a la carcajada. Hay una serie de escenas, por ejemplo, que tienen que ver con un vomitus interruptus que... ya saben, no puedo contarles, pero... Impagable.

Y es que aquí hay técnica, amiguitos. Pero técnica de verdad. De la buena, de la que es tan enorme que resulta invisible. Es decir, el tebeo se devora de principio a fin sin que seamos capaces en ningún momento de soltarlo, disfrutando cada diálogo, cada viñeta... Y no es hasta que lo cogemos de nuevo, ya leído, y nos ponemos a mirarlo, lo analizamos un poquito, y nos damos cuenta de lo que es capaz de hacer Baker. Muchos supuestos profesionales de la historieta podrían tomar nota y darse cuenta de que en 63 páginas es posible contar una historia completa en la que no sólo pasan cosas, sino que pasan muchas, todas interesantes, sin rellenos, sin puntos muertos ni alargamientos triviales que no llevan a ninguna parte. Y todo ello con una estructura de página flexible, que va de la cuadrícula de 6 viñetas a la splash page, de las viñetas en vertical a la descomposición de la plantilla en viñetas pequeñas. Viñetas cuadradas, oblongas, redondas, verticales, rotas, superpuestas... Todo vale con tal de que esté supeditado a la trama, nunca como vacuo ejercicio de estilo. El único elemento que permanece constante, de hecho, y que le da personalidad propia a la narrativa de Kyle Baker es el hecho de que el texto no se incluye en los típicos bocadillos dentro de la viñeta, sino que aparece fuera de la misma, en los espacios vacíos entre estas.

Y sobre el dibujo... Uf. Para caerse de espaldas. Digamos que recoge lo mejor del estilo cartoon, de la animación clásica, y del "realismo" en una síntesis impresionante. Es difícil pensar en un autor más capaz de dotar de expresividad a sus personajes, de componer mejor una página, de conseguir mostrar todos los elementos de una viñeta con mayor nitidez y, sobre todo, de hilar texto e imagen en una síntesis más dinámica, comprensible y, en suma, perfecta. No es que me gusten las analogías, pero, para que se hagan una idea, habría que recurrir a un Will Eisner o a cualquier otro monstruo del cómic para encontrar a alguien parangonable al Kyle Baker de sus grandes obras.

Dejamos para el final el único aspecto, digamos, polémico del arte de Baker en obras como ésta: el color. Infográfico, ahí está dicho todo. Siguen habiendo muchos aficionados que, tal vez por costumbre, rechazan casi por sistema esta técnica de coloreado, al menos cuando se aplica notándose que ha sido así (y es que con un buen programa se puede simular prácticamente cualquier técnica "manual"). En mi caso no me desagrada; quizá porque la obra original es así, no ha sido recoloreada a posteriori  -como ha ocurrido con otros tebeos, y aquí sí que la diferencia "canta" en muchos casos-. Quizá la obra es tan buena que simplemente la acepto tal cual, con ese coloreado tan... peculiar, y ya está. Pero bueno, aquí todo será cuestión de gustos...

Vale, por si no ha quedado claro: lean este I die at midnight. Lean a Kyle Baker. No todo lo que ha hecho está al nivel de esta obra, o de Por qué odio a Saturno, digamos, pero sigue siendo un autor a seguir. Y, sobre todo, no se pierdan su Plastic Man, cuando Planeta lo edite finalmente en nuestro país, como así parece que va a ser. Kyle Baker está llamado a ser un clásico, ya me lo dirán de aquí a unos años. Y que no les digan entonces que no se habían enterado.

1 comentario:

tristan dijo...

¡Que noticia! Por fín se publica Plastic Man. Crucemos los dedos. Pero si se consuma es un gran notición. Gracias por informar siempre tan puntualmente y con tanto criterio.

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