CATWOMAN VOLUMEN UNO, de Mindy Newell, JJ Birch y Michael Bair

En el ya mítico Batman: Año uno, de Frank Miller y David Mazzuchelli, el antaño gran artista que fue Miller, entre otras cosas, redefinió de arriba a abajo al personaje de Selina Kyle, alias Catwoman. El punto de partida, de sobras conocido, vino dado por la excusa de "reseteo" a la continuidad tradicional del Universo DC post-Crisis en las Tierras Infinitas, que permitió partir nuevamente "de cero" a los artistas y editores encargados de recrear a los personajes, modernizándolos, adaptándolos a las nuevas tendencias y eliminando, de paso, el lastre de más de dos décadas de historias. Gracias al buen hacer de autores como John Byrne (Superman), George Perez (Wonder Woman), Mike Grell (Green Arrow), Keith Giffen, J. M. Dematteis y  Kevin McGuire (JLI/JLA) o Denny O'Neill (The Question), entre otros, durante ese periodo de redefinición aparecieron un buen puñado de tebeos ciertamente memorables, prácticamente una nueva "era dorada" del cómic pijamero. En el caso de Batman y su universo particular, el encargado de dar el pistoletazo de salida fue Frank Miller, a partir de dos historias soberbias: Batman: The Dark Knight y el citado Batman: Year One, aunque la continuación y desarrollo de las series fuese dejado en manos de otros artistas, con resultados algo irregulares.

Y, como decíamos, uno de los personajes redefinidos por Miller fue la felina fatal, personaje con casi tanta historia como el mismo Batman, y que no había sido ajena a los cambios... A veces heroína, a veces villana, a veces una mezcla de ambas cosas, siempre ambigua, siempre mujer fatal, su relación con Batman se había caracterizado justamente por esa dualidad. Ahora Miller iba, sin embargo, a dar un giro radical al personaje, reconvertido en una prostituta-madame de sadomasoquismo, habitante del East End gothamita y tan sórdida como ese lugar. Para colmo, Miller le raparía el pelo y le pondría un cutrísimo disfraz de gato de color gris... El resultado: a tomar por sugus todo el glamour, la clase y el encanto de femme fatale de nuestra Selina, y bienvenidos al mundo del trash.

Y llegamos a la miniserie que nos ocupa, que es considerada el volumen uno del personaje, de los tres que ha tenido hasta ahora (el último de los cuales sigue en curso en nuestro país, y de él hemos hablado aquí, aquí y aquí; del principio del volumen dos, aquí, y del especial Catwoman: Si vas a Roma, aquí). La guionista, Mindy Newell, se propuso desarrollar al personaje partiendo estrictamente de las premisas dadas por Miller, y, de hecho, la miniserie lo que viene a hacer es ampliar la historia de Año Uno, intercalando escenas de dicha miniserie en su propia narración. Newell hacía unas declaraciones al respecto que no podían resultar menos halagüeñas: "Tal como yo lo veo, es un personaje totalmente amoral. Y si alguien se entromete en su camino, es capaz de matarlo sin ningún remordimiento. La antigua Catwoman no podría hacerlo." No, no podría, y ahí estaba, primero, uno de los aspectos que le daban su esencia, y, segundo, la conditio sine qua non podía plantearse una relación, por muy ambigua que se quisiera, con Batman. Éste podía enamorarse de una ladrona, pero, ¿de una asesina? Absurdo, como sabrán por poco que conozcan al murciélago.

Con este principio, no podía esperarse nada demasiado bueno de la miniserie, y, en efecto, es de por sí una historia más bien mediocre -el dibujo va a la par, dicho sea de paso-, que roza lo intolerable en una escena en la que Selina empuja a un villano hacia su muerte... ¡Y es excusada por ello por el mismo Batman! Evidentemente, sobre el episodio se ha corrido un tupido velo, y en todo el volumen tres -al menos hasta ahora, y no creo que la cosa cambie- se ha ignorado el hecho... Considerémoslo, pues, una suerte de What if olvidable, y a otra cosa.

El resto, como suele decirse, es historia. Selina pasaría a un volumen dos en el que se le cambiaría el uniforme por algo un poco más presentable, se la presentaría como lo que ha sido siempre, una ladrona con un cierto y personalísimo código ético, y sufriría la moda de las bad girls noventeras. No sería sin embargo hasta la llegada de Ed Brubaker al título (ver enlace más arriba) en que Selina se convertiría en un personaje cuyo cómic valía, y mucho, la pena leer... Y el relevo tomado por Will Pfeifer apenas bajaría la calidad del cómic, hasta su reciente conclusión en Estados Unidos, pese a las excelentes críticas que ha recibido a un lado y otro del Atlántico.

En fin, tebeo que no merece la pena revisitar, éste de Newell y compañía, más allá de, como servidora, completistas de la felina fatal. A la que deseamos, dicho sea de paso, un próspero futuro, pese a la cancelación... pero ya saben, nueve vidas tienen los gatos.

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