Marvel en los 60: optimismo e incertidumbre en los héroes tecnocientíficos (XIV)

Industrias Stark
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2.2.2.-Las Industrias Stark.

Al hilo de lo anterior resulta el dirigir la atención hacia otro de los "lugares tecnocientíficos" relevantes de este universo de ficción: las industrias propiedad de Anthony Stark, alter ego del "vengador acorazado" Iron Man. Como ya se ha mencionado, este personaje posee una macrocorporación industrial dedicada a la investigación y desarrollo tecnológico de artefactos para usos militares, siendo además el propio Stark su principal inventor y desarrollador. De este modo, mientras recibe por su trabajo galardones como el de la sociedad internacional de físicos de Ginebra, ofrece al ejército de los Estados Unidos artefactos como unos "patines transistorizados" (sic) que "permitirán que toda una división de infantería corra a 100 km/h" [1]. Ante la eficacia de este invento [2], un mando militar afirma sorprendido: "¡Es usted un genio, Stark!", a lo que éste responde: "¿Un genio? No, general... Sólo un científico que comprende que las fronteras de la ciencia son infinitas" [3].

En efecto, casi infinito parece el caudal de inventos que surgen de las empresas de Stark, obra de este modesto científico. Así, podemos encontrarnos con un cañón atómico capaz de disparar una descarga nuclear a más de 800 km., para su uso en buques de guerra; un rayo desintegrador del tamaño de una linterna; o una metralleta que dispara "obuses de artillería reducidos a balas de metralleta del calibre 50. Pueden ser disparados a razón de 1000 por minuto" [4].

La labor de las Industrias Stark no se detiene, sin embargo, en artefactos de uso explícitamente militar. También desarrolla aplicaciones de uso médico, como un suero capaz de cerrar perfectamente una herida mediante un tejido sintético, o aerospaciales, como un escudo antirradicación para cápsulas espaciales. Y, además de las acciones productivas, a Stark no le son ajenas las filantrópicas, como la donación de un cheque de 100.000 dólares para la construcción de un nuevo ala en un hospital de beneficiencia.

A pesar, sin embargo, de todos estos inventos, encontramos de nuevo una paradoja similar a la que veíamos a cuento de los 4F: muy rara vez encontraremos un uso civil de estos avances en la sociedad que nos es presentada en los comics, y aquí el caso es más sangrante por tratarse de una empresa privada con ánimo de lucro. Los artefactos militares de Stark (comenzando por la impresionante armadura que usa en su identidad de Iron Man, y que reserva para su uso personal exclusivamente), deberían ser más que suficientes para otorgar a los Estados Unidos una supremacía militar muy por encima de la de cualquier otro país y para garantizar la victoria en cualquier conflicto; sin embargo, en la ficción del Universo Marvel la guerra fría tuvo lugar más o menos como en la realidad presente, y los Estados Unidos perdieron igualmente, por poner un ejemplo, la guerra de Vietnam).

Por su parte, la policía y el ejército norteamericanos siguen utilizando armamentos y artefactos, por regla general, más o menos similares a los del mundo "real"; de nuevo, el uso de artefactos fantásticos queda reducido a élites como los Hulkbusters -el equipo militar que, en la serie de Hulk, da caza al Goliath Esmeralda-, los Mandroides -un equipo gubernamental de élite- o SHIELD, organización militar de defensa y espionaje de élite, y que tiene precisamente a Stark como principal suministrador.

Por otro lado, la conquista del espacio sigue pautas similares a las de la "realidad", y los únicos que trascienden el límite lunar son exploradores como, justamente, los 4 Fantásticos o Los Vengadores, el grupo de superhéroes en el que milita Iron Man. Y sobre la ciencia médica, una interesante toma de conciencia de las paradojas de la tecnociencia fantástica en este universo de ficción se produjo ya en los 80, en la novela gráfica La muerte del Capitán Marvel. En esta historia el héroe del título, enfermo de cáncer, hace que todos los héroes tecnocientíficos reunidos para intentar salvarle la vida se hagan una pregunta crucial, justamente aquella que rompe la burbuja de la ficción: frente a todas las acciones superheróicas que han salvado incontables vidas, y todos los maravillosos inventos que unos y otros han desarrollado, ¿cómo es que no se les ha ocurrido intentar resolver el problema de una de las enfermedades que causan más muertes a nivel global? La pregunta queda en suspenso, y el héroe, ante la impotencia del resto, muere al final de esta historia a causa de su enfermedad.



[1] VV. AA., Iron Man (3 vols.). nº 3. Barcelona (?): El Mundo/Planeta de Agostini, 2003, p. 20.

[2] Eficacia que sólo la extrema condescendencia del lector puede conceder, por supuesto. ¿Montar un batallón de soldados sobre patines, a priori sobre cualquier terreno donde se deba montar batalla, acelerarlos a esa velocidad, y creer que no acabarán todos en el hospital o en la morgue?

[3] No, no es el conocido informe de Vannebar Bush. Puede leerse en Iron Man, loc. cit., p. 20.

[4] Ibid.

1 comentario:

sublibrarian of the year dijo...

¿¿Patines?? Ésta sí que es buena.

Insisten en el prejuicio occidental que estima como únicos escenarios bélicos válidos el llano y la urbe.

Por eso HYDRA prevalecerá.

¡Heil!

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