Marvel en los 60: optimismo e incertidumbre en los héroes tecnocientíficos (XIII)

Baxter Building por Jack KirbyAnteriores:

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Marvel en los 60: optimismo e incertidumbre en los héroes tecnocientíficos (XII)

2.2.- Los lugares tecnocientíficos.

Otro elemento ciertamente llamativo de los comics Marvel de la época analizada es el de la presencia de ciertos lugares, normalmente ligados a personajes y organizaciones determinados, que aquí llamaremos "lugares tecnocientíficos" en base a las características que, en esbozo, trataremos de exponer a continuación.

Tomaremos como ejemplos las siguientes localizaciones ficticias: el Edificio Baxter (Baxter Building), las Industrias Stark, la mansión de Los Vengadores y la "sala de peligro" de la Patrulla-X.

2.2.1.- El Edificio Baxter.

Es éste un rascacielos situado en Manhattan, el cual alberga, desde el piso 34 hasta su techo, la base de los 4 Fantásticos. El acceso a esta sección del edificio se realiza a través de un ascensor especial, el cual es activado únicamente a través de la particular frecuencia de un rayo que emite un dispositivo presente en los cinturones de cada miembro de los 4F -y ésta es tan sólo una de las múltiples medidas de seguridad que guardan la zona ocupada por los héroes, que se convierte en una fortaleza prácticamente inexpugnable, que no por ello ha dejado de ser atacada en infinidad de ocasiones-. En una viñeta de Fantastic Four nº 6 (septiembre de 1962, en castellano: BM: Los 4 Fantásticos 01, ed. cit., p. 123) encontramos un plano que nos muestra el contenido de la base.
(...) en el [piso] 34 desaparece el mundo normal y comienzan los organizados dominios de los 4 Fantásticos. Ésta es la base de operaciones completa donde se libra la guerra contra las fuerzas que atacan la libertad y se vigila sin fin.
(los subrayados pertenecen al texto de la traducción). Esta presentación nos pone en bandeja algún comentario que debería resultar más o menos evidente. En primer lugar, se contrapone el "mundo normal" con los "organizados dominios" de los 4F. El alcance de esta afirmación alcanza mayor claridad si tenemos en consideración cierta concepción antropológico-sociológica que sobre las relaciones entre individuo y masa parece sostener Stan Lee a través de su obra, algo que fue prácticamente un tópico durante la primera mitad del siglo XX (así, Ortega y Gasset, Elias Canetti o Ernst Jünger, entre otros muchos, dedicaron brillantes textos al respecto). El "mundo normal" sería, según esto, el lugar de la "masa" anónima, llena de ignorancia y prejuicios y necesitada constantemente de una guía externa para sus vidas; en cambio, el mundo de los 4F sería el lugar donde una minoría excelente, aristocrática en su sentido etimológico -y recuérdese el apartado anterior-, llevaría a cabo una defensa constante de la libertad, de una libertad de la que se beneficiarían precisamente la masa anónima, y que sería el resultado de la lucha, el sacrificio y el esfuerzo llevados a cabo por la élite representada por el grupo liderado por Reed Richards. De ahí que sea necesario un mundo organizado, racional, libre de la ignorancia y los prejuicios que azotan a la masa, tecnocrático incluso -y no en vano el liderazgo del grupo es ostentado, sin discusión posible, por el megacientífico Richards-.

La aporía, sin embargo, aparece en la expresión "se vigila sin fin". En efecto, hay a disposición -y se hace uso- de los 4F toda una suerte de artefactos tecnocientíficos de carácter mega-avanzado de comunicación, vigilancia y espionaje -además, por supuesto, de otros que facilitan la posterior intervención- que los convierten en una organización casi orwelliana à la Big Brother. Organización que, por su condición de civiles sin cargos públicos, parece ser completamente independiente de controles externos de cualquier tipo. Incluso parecen estar exentos del cumplimiento de ciertas leyes, además de que ostentan palmariamente una serie de prerrogativas cuyo origen es contrario a la normativa jurídica: por ejemplo, la capacidad de ejercer violencia y coerción sobre terceras personas (prerrogativa cuyo monopolio, y así lo afirmaría Weber, no sólo corresponde en exclusiva a un estado del que estos aventureros no forman parte oficial, sino que, incluso, sería propio de la definición del estado mismo). Pese a todo esto, parecen contar -aunque no siempre ni unánimente; de forma anecdótica, algunos de sus vecinos en el Edificio Baxter han expresado su rechazo a los riesgos que supone compartir vivienda con tan peligrosos inquilinos- con el apoyo mayoritario de la opinión pública y los poderes civiles, militares y mediáticos.

Volvamos ahora a la citada viñeta del sexto episodio de la serie, y veamos qué podemos encontrar en la celosamente guardada base de los 4F. En primer lugar, el espacio ocupado supera claramente lo que serían las necesidades, por holgadas que se quieran, de una organización de apenas 4 individuos: cuatro plantas completas más el techo (que no carece de utilidad, por cierto) y, en la sección transversal que se nos muestra, hemos contado hasta 19 estancias. Como sería prolijo enumerarlas todas, fijémonos tan sólo en algunos de los elementos más llamativos: un observatorio espacial, una sala de misiles (!!!) y otra para realizar su seguimiento, laboratorios químico, electrónico y de análisis fotográfico, sala de ordenadores, hangares para cohete espacial, "fantasticóptero" y "fantasticar" y nave orbital, etc. (y por cierto que las viviendas y salas de recreo apenas ocupan una de las estancias).

Ante semejante despliegue de medios, que ya quisieran para sí muchos proyectos de la Big Science y organizaciones civiles y militares, la pregunta siguiente debería resultar obvia: dado el carácter altruísta e independiente de los 4F, ¿cuál es su fuente de financiación? Pues, al parecer, la venta de patentes de inventos obra de Reed Richards, solución que, visto lo visto, parece bastante lógica. Dentro de la ficción del "Universo Marvel", y a la vista de los maravillosos artefactos que de vez en cuando asoman por el interior del edificio, esto debiera resultar más que plausible. Ahora bien, si en este mundo de ficción, que se pretende coherente, esto es así, ¿no deberíamos ver, de vez en cuando, alguno de esos maravillosos artefactos creación de Richards (o de cualquier otro de los inventores que pululan por las diferentes series) siendo usados habitualmente por la sociedad civil que ha comprado, en teoría, un buen número de patentes? Pues aquí encontramos la paradoja: pese a la cantidad de artefactos tecnocientíficos que aparecen a manos de los 4F, y que deberían ser el sueño de cualquier multinacional tecnológica, gobierno, universidad, etc., y que, en la ficción, han sido puestos, en teoría, a su alcance, estos no tienen reflejo alguno en la sociedad civil, y raras veces -o mejor dicho, de forma muy selectiva y muchas veces incongruente- en la militar. Queda pues acotado su uso a las élites tecnocientíficas como los 4F -y en menor medida, como decíamos, a las élites militares-, y en los lugares que no por casualidad hemos querido llamar "tecnocientíficos".

Continuará...

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