CINDERALLA, de Junko Mizuno

Cinderalla de Junko MizunoHay veces en las que, aun antes de leer un tebeo, ya estoy prácticamente segura de que me va a gustar (nos pasa a todos, supongo), y éste es uno de esos casos. No es cosa de ciencia infusa, las pistas estaban ahí. Por una parte, una visita por curiosidad al weblog de Junko Mizuno ya me convenció de las bondades de su arte: POP!, naif, psicodélico, retro, dark-happy, una especie de Tim Burton-meets-Hello Kitty, para que se hagan una idea... La artista, además -y antes- del manga se ha dedicado a la ilustración y el diseño, y podemos ver toda clase de objetos -muñecos, ropa, pinturas...- con su arte.

Y por la otra, el texto de presentación de este Cinderalla no podía ser más prometedor:
Érase una vez… Cinderalla, reencarnación alucinada de Cenicienta, que se marcha a salvar de los infiernos su padre y el secreto de su salsa Teriyaki. Un viaje iniciático y siquedélico donde zombis volantes se transforman a veces en príncipes azules. Hadas alcohólicas, estrellas de la canción anémicas, muertos vivientes bailarines y otras criaturas monstruosas transforman el famoso cuento para niños, dándone una visión innovadora tanto bonita cuanto grotesca. Un encuentro exquisito entre humor negro, cultura pop y pulp.
O sea, biZarrismo POP! en estado puro... Y con zombis, hadas y personajes de cuentos infantiles, para más inri. Quien me conozca un poco ya sabrá de mi debilidad tanto por lo zetoso como, particularmente, por el tema zombi, así que de la combinación de un dibujo precioso-precioso más POP! subcultural deconstructivo (ja, ja) sólo podía salir una pequeña maravilla. Y ahora que lo he leído, ¿ha respondido a las expectativas?

Pues no, amiguitos: las ha superado. El guión es sencillito, sencillito: una visión infantilizada del cuento de Cenicienta con giros en la ambientación (un restaurante de teriyakis, una especie de brochetas niponas) y los personajes (zombis y hadas, además de humanos... no sé si muy normales). Tanto el desarrollo de la trama como los diálogos transcurren de forma muy fluída, haciendo de la simplicidad virtud, y la historia se lee como un cuento para niños... Con toques, ejem, adultos, como que nuestra Cinderalla se pase medio tebeo desnuda, o las escenitas pelín gore a los que la presencia de zombis casi obliga. Sin embargo, llama la atención la casi ausencia de auténtica maldad en la trama: aunque la pobre Cinderalla llega a pasarlo un rato mal por culpa de su madrastra y hermanastras, tampoco llegan a hacerse éstas auténticamente odiosas, y en general el buen rollo, happy ending incluído, campa a sus anchas por todo el tebeo. En resumen, se agradece la lectura que hace Junko Mizuno de la historia original, despojada casi por completo de sus elementos más morbosos y negativos y convertido en una narración tan sencilla como agradable. En este sentido, me ha recordado un poquito a la Peculia de Richard Sala, otro paradigma de la inocencia del terror, si me permiten el oxímoron.

Ahora bien, lo que hace de este tebeo una pieza de culto es el ma-ra-vi-llo-so dibujo de Junko Mizuno. No he leído tanto manga como para que se me ocurran muchos paralelismos, pero les remito de nuevo a Hello Kitty, o a algunas autoras de shojo que no les sabría nombrar... Mizuno menciona en la entrevista que se halla en las páginas finales del tomo la influencia de Sailor Moon, y también se nombra a autores como Hideshi Hino... No sé, en todo caso de la mezcla sale algo que a mí me llama mucho la atención, un estilo muy personal, aunque suene por algún motivo familiar, y que muestra un universo visual muy personal, como les decía, entre biZarro, POP! y naif... Y psicodélico, muy psicodélico: hay viñetas que podrían haber ilustrado happennings británicos de finales de los sesenta. Una auténtica delicia, de verdad.

También resulta curioso que el tomo sea en color (ya saben que en Japón esto es la excepción de la regla), y es un detalle que se agradece. Por supuesto, los colores son planos, y se limitan a rellenar los espacios sin gradaciones ni efectos; algo decorativo, sí, pero que también contribuye lo suyo a transmitir esa especial plasticidad, de formas redondeadas y trazo grueso y limpio, del dibujo.

A destacar también los "extras" de la historieta. Así, además de ésta tenemos, en las páginas finales, unos cuantos anuncios a toda página de cosas relacionadas con la historieta, una ídem breve que nos aclara un punto de la historia, una receta de cocina -bueno, más o menos, yo no me atrevería a prepararla en casa- y hasta un videoclip del Príncipe... Por último, una entrevista a Junko Mizuno hecha por Izumi Evers y una breve nota biográfica de la autora. Welcome to the Mizunoverse!

Por último, unas notas sobre la edición. Se trata de un tomito en rústica y, como decía, a color, con papel pulposo y un aspecto muy similar a los tomitos Clásicos DC de los Titanes, aunque más pequeño (un poquito mas que una de las añoradas Bibliotecas Marvel, para darles una idea). Es bonito y manejable, así que por esta parte ningún pero. Ahora bien, en la lectura he encontrado algunos fallitos, no sé si de traducción o de despistes en la corrección, como la frase cortada a medias en la página de créditos del tomo, o algunas expresiones algo extrañas, especialmente en la entrevista del final del tomo. Tampoco es que sea nada que impida la lectura, pero los de Imho podrían tomar nota y solventar estos "problemillas" en el futuro, así seguro que la cosa les queda redonda. Y con todo, tener como carta de presentación esta pequeña maravilla es algo que nos hace augurar un gran futuro a la editorial.

Terminaré citando al excelso Josep Calduch: "recomendable". Que no se lo pierdan, vaya.
Junko Mizuno

2 comentarios:

Kalashnikov dijo...

Ey, estaba indeciso con este título, pero me has animado a comprarlo ;-) Pensé que era la "típica joyita arty-naif", pero por lo que dices es un buen tebeo...

¿De verdad que Calduch le ha puesto un "recomendable"?

Werewolfie dijo...

Bueno, igual sí es la "típica joyita arty-naif", pero... ¿eso no es bueno? ;)

Y lo de Calduch, pues sí pero no; si te lees esto lo entenderás...

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