"alter ego" de Alberto Vázquez

alter ego de Alberto VázquezYa tenemos en nuestras librerías la prometida reedición de esta exquisita obra de Alberto Vázquez, cortesía de Viaje a Bizancio Ediciones. Y de verdad que la impresión que nos llevamos del tebeo no podría ser mejor.

Estamos ante una historia contada con una sencillez engañosa, casi como si fuera un cuento para niños -y sin necesidad de recurrir a Bettelheim, ya sabemos cómo se las pueden llegar a gastar estos-. Con un grafismo de formas simples y esquemáticas, jugando con el contraste de manchas negras y rojas -precioso el efecto del bicolor- y algunas aguadas para matizar algunas texturas, un primer vistazo puede darnos la imagen de una historieta pensada, en efecto, para un público infantil. También los personajes y hasta parte de los diálogos: un caballerito que va a todas partes acompañado de su gato, y con el que mantiene unas conversaciones tan hondas en superficie como epidérmicas en su profundidad: hay un jugar constante a la doble lectura, a la sugerencia y al propio juego vital, psicosomático. Encadenamiento de anécdotas intrascendentes... y naturaleza humana puesta sobre el tablero: "lo más profundo es la piel".

La estructura y composición del tebeo juegan también con la claridad meridiana de la exposición y las pistas hermenéuticas que apuntan hacia la densidad de los contenidos: apariencia y delirio, realidad y ficción se entremezclan, se funden, indistinguibles, pero siempre con un hilo conductor narrativo que nunca se pierde, que mantiene su máscara de coherencia, de método, sin que el lector apresurado se sienta perdido en ningún momento, pero que también va dejando sus semillas a la espera de madurarlas y de descubrir que, tras un detalle intrascendente, tras un gesto o esbozo, hay una tirada de dados, una apuesta de apertura y de mostración de aquello que se quisiera más oculto en los laberintos y espirales de la psique humana. Sin pedanterías, incluso las referencias "cultas", cuando se hacen explícitas, son rápidamente cubiertas de una pátina de casualidad, que no causalidad, de desmistificación, de naturalidad. Muy hábil, su autor, al manejarse, digamos, entre dos tierras, sin espantar al lector superficial, pero encandilando al que se muestre más dispuesto a detenerse y mirar tras los telones.

Del dibujo ya les decíamos algo, y poco más que añadir: muy personal, integra maravillosamente los elementos, pone en práctica sus recursos de forma intachable y, en suma, consigue un resultado que, por lo menos a mí, me resulta tan hermoso como narrativamente adecuado. Fondo y forma (¿quién pensó que se podían separar?) inextricablemente unidos en un todo mayor que la suma de las partes, como debe ser.

Y la edición: maravillosa. Cartoncillo rugoso en la cubierta, papel mate de alto gramaje, una calidad de impresión y, sobre todo, de reproducción excelentes, todos los detalles están cuidados al máximo. Una auténtica labour of love la que hace Yorkshire en ésta obra, como ya hiciera en las anteriores. Esperemos que siga así, pasito a pasito, editando quizá poco, pero desde luego bien.

Mi más sincera enhorabuena, entonces, a autor y editor, y mi recomendación incondicional para aquellos lectores y lectoras que aprecien una obra diferente, que admite varios niveles de lectura, una auténtica delicia visual y una historia de las que se recuerdan largo tiempo y de las que querremos revisitar en el futuro. Y ya estamos esperando la próxima obra de Alberto Vázquez...

3 comentarios:

Nébula dijo...

Ains, me pones los dientes largos, eso no puede ser n_n

Ternin dijo...

Como me alegra ver como el amor de Yorkshire al comic se hace "carne" con joyas como esta.

Kalashnikov dijo...

¡Me alegro de que hayas disfrutado con él, Wolfie! Comenté este libro hace tiempo...

http://el-francotirador.blogspot.com/2007/10/obras-menores-de-grandes-autores.html

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