LA POSIBILIDAD DE UNA ISLA, de Michel Houellebecq

Imagen: cubierta del libro reseñado, (c) Santillana Ediciones Generales S. L.

Este libro ha sido mi primer contacto con su autor, el cual lleva unos cuantos añitos levantando cierta polvareda entre la crítica -juicio legal incluído- por sus opiniones y el tono generalmente políticamente incorrecto de las mismas. Misógino, islamófobo, pornógrafo o nihilista son algunos de los adjetivos que su obra -y su autor- han merecido, no sin razón. De todos modos, el debate moralista (que a mí me interesa más bien poco y por el que no siento ningún interés en tomar parte) alrededor de Houellebecq ni ha precondicionado mi lectura ni, eso espero, ha quitado ni puesto una coma sobre la misma.

Nos encontramos ante una novela que, entre otras cosas, es de ciencia-ficción, o de filosofía-ficción, o ambas cosas a la vez -y unas cuantas más; siempre es inapropiado poner etiquetas, pero de algún modo hay que comenzar-. El personaje central es un tal Daniel, un humorista del siglo XX que, por una serie de coincidencias, es testigo de uno de puntos de inflexión en el nacimiento de una nueva especie de seres humanos concebidos mediante tecnologías genéticas. Claramente, éste no es más que un vehículo para que el autor exprese su visión en una miríada de temas sociológicos, antropológicos, científicos, políticos, psicológicos... Una visión teñida de nihilismo en sentido débil, de pesimismo y desesperanza.

Sobre los temas tratados, hay que decir que están expresados con bastante vigor y, por así decir, sin pelos en la lengua. Ahora bien, en líneas generales, en tanto que ideas no revisten especial originalidad, y no me parece haber hallado nada que no estuviera ya en Schopenhauer, en Cioran o disperso entre los autores etiquetados en el existencialismo, el postestructuralismo y la filosofía de la différance. Así pues, como filósofo Houellebecq puede tener cierto valor como divulgador sui generis, pero, creo, no es que aporte nada demasiado nuevo. Sobre los aspectos bioéticos no es que yo sea especialista, pero sospecho que podría decirse más de lo anterior. Las opiniones sociopolíticas tampoco es que suenen especialmente revolucionarias.

Ahora bien, estamos ante una novela y, supongo, como tal habría que leerla. Pues bien, éste es uno de los aspectos que más me han decepcionado. Argumentalmente, el lector está obligado a suspender la incredulidad en aspectos que no son fantásticos, sino de mera coherencia interna, en más de una ocasión; el hilo argumental, si bien trenzado, es bastante inconsistente y muchas veces forzado. Y el estilo me parece más bien mediocre, plano, con un lenguaje correcto pero trillado y repleto de figuras manidas y poco originales. Lo peor de todo, los poemas que se intercalan; quizá los escribiera todavía adolescente...

Pese a lo que he interpretado como carencias, debo decir que el libro "engancha", se lee con fluidez y resulta muy entretenido, resultando una lectura mucho más ligera de lo que la gravedad de sus asuntos pudiera dar a entender. Una ya empieza a estar de vuelta de las aporías de las postmodernidades y "modernidades reflexivas", y su lastre espiritual quizá no resulte tan pesado como parecía (o quizá es que, realmente, las drogas psiquiátricas hacen milagros con estas cosas). Así pues, considero la inversión en el libro, con todo, bien empleada, y, aunque probablemente no soporte una relectura, sus horas de entretenimiento sí que me ha dado.

Por lo demás, he podido comprobar por mí misma que, realmente, con Houellebecq no había para tanto. Ni rasgarse las vestiduras, ni elevarlo a los altares. Para leer a un auténtico filósofo, recurran a los clásicos. Y si quieren ser epatados, ¿qué tal Céline, o Henry Miller o, más cercano, Palahniuk? Personalmente, me quedo con cualquiera de los tres.

Houellebecq, Michel. La posibilidad de una isla. Traducción de Encarna Sánchez. Madrid: Alfaguara 2005.

4 comentarios:

SuperSantiEgo dijo...

Pues entonces se parece un poco a la otra que también tiene un transfondo de ciencia ficción, la de los dos hermanos de Las partículas elementales, que también iba de la creación de vida sin sexo y esas cosas.

Yo personalmente prefiero que, cuando la cosa se pone fantástica, que no se corten demasiado, y si hay que ponerse profundos, bien, pero sin compromisos. Aunque bueno, el debate sobre si "lo fantástico" debía integrarse en la corriente general de la literatura lo recuerdo yo ya de cuando se trataba en la revista Nueva Dimensión, así que imagínate.

La pequeña Delirio dijo...

Le admito a Celine y Miller, pero Palahniuk???

Yo discrepo bastante sobre su crítica, querida amiga, pero lo mio con Houellebecq es un amor incondicional y apasionado; le perdono el mix de géneros, el sexo excesivo y las incoherencias por razones emotivas, las mías :)

Perse/Werewolfie dijo...

Pequeña Delirio: sí, Palahniuk; como autor epatante, no me negará que es uno de los que está en cabeza (¿ha leído "Fantasmas"? Si, pongamos por caso, la historia del destripado no le revuelve el estómago, tiene los nervios más acerados, desde luego, que los míos; ni paroxetinada hasta las cejas deja de impactarme).

Y sobre historias de amor y odio con los autores, yo desde luego no me meto; respeto, y hasta celebro, que sienta ese amor "incondicional y apasionado" por don Michel; motivos para ello debe haberlos, sin duda. Pero en mi caso, lamento decirlo, hay más bien indiferencia; sobre los sentimientos no hay debate, se tienen o no se tienen, y a veces, hasta los convertimos en opiniones, como en mi comentario del libro de Houellebecq. No le dé más importancia, y espero que no se disguste conmigo por ello.

¡Besicos, y gracias por la visita!

PAblo dijo...

Wolfie,

A mi Houllebecq me gusta. Me parece un autor entretenido y con bastantes mas ideas en su novela de lo que se suele ver ultimamente.

Tengo pendiente "Las Particulas Elementales" pero me parece que de sus obras la mas interesante es "Plataforma".

Te dejo un enlace con mi opinion sobre esta novela que creo no difiere demasiado de la tuya.

http://ellectorimpaciente.blogspot.com/2007/10/la-posibilidad-de-una-isla-de-michel.html

Impacientes Saludos.

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