BOLLAND STRIPS!, de Brian Bolland.

Bolland Strips La actriz y el obispo

De la mano de Ediciones Glenat nos llegó el pasado año este curioso tomo, el cual recopila un material que previamente se encontraba muy, pero que muy disperso, obra del conocido dibujante Brian Bolland. Tenemos con este tebeo una ocasión casi única, ya que al exquisito dibujo del autor hay que sumarle su menos conocida pericia a la hora de escribir sus propios guiones en unas historias que, en su momento, seguro debieron descolocar a propios y extraños y que, reunidas en una sola dosis, multiplican sus efectos de desconcierto hasta niveles inusitados.

Brian Bolland es principalmente conocido por su labor de portadista, la cual ha venido llevando a cabo, desde finales de los 70 hasta la actualidad, de forma prácticamente exclusiva en DC. En su haber, aunque ya algo lejanas en el tiempo, quedan algunas historietas bastante memorables del Juez Dredd, la interesante miniserie escrita por Mike W. Barr Camelot 3000, y el especial en formato prestigio escrito por Alan Moore Batman: The Killing Joke. En cuanto a las portadas, le debemos las cubiertas de la etapa de Grant Morrison en Animal Man, las de los volúmenes segundo y tercero de Los Invisibles del mismo guionista, y una gran cantidad de portadas para series de grandes iconos como Batman, Wonder Woman, Green Lantern o Flash. A todo ello hay que sumar una ingente cantidad de ilustraciones, pin-ups y demás miscelánea.Sin embargo, las inquietudes de Bolland no se han detenido en su faceta de dibujante e ilustrador y, tal y como él mismo confiesa en uno de los textos que acompañan el volumen, en un determinado momento sintió la necesidad de contar sus propias historias; tenemos aquí recopilado el resultado de la mayor parte de sus intentos por hacerlo. Vayamos, entonces, por partes.

Encontramos, después de una reveladora introducción, tres historietas que tienen como hilo común el protagonismo de dos personajes harto singulares, La actriz y el obispo. Las dos primeras fueron publicadas en A1, de Atomeka Press, años ha, mientras que la tercera, más extensa, fue creada directamente para el recopilatorio. Nos encontramos ante unas historietas tremendamente singulares, dibujadas con el primor y el enfermizo detallismo de copista medieval que caracterizan a Bolland -en especial, la tercera- y que justifican, en parte, la proverbial fama de lentitud del dibujante. Sin embargo, Bolland no destaca solamente por ese preciosismo -compartido con otros ilustres como George Perez-, sino que el resto de aspectos formales resultan prácticamente intachables. Y es que la rigidez y estaticidad que suele acompañar a los dibujantes que usan un estilo excesivamente figurativo brillan aquí por su ausencia, y la expresividad es otra -cuasi paradójica- “marca de fábrica” de este excelente artista. Otro aspecto a tener en cuenta es la impresionante imaginación visual de la que hace gala, y que un servidor equipararía a la que exhiben otros grandes artistas también enfermizos en el detalle y actualmente en activo como J. H. Williams III (Promethea, Desolation Jones), Chris Weston (El Asco, Los Invisibles) o Frank Quitely (The Authority, New X-Men, Los Invisibles, WE3).

Las historias de la Actriz y el Obispo son bastante indefinibles. Un paseo en Citroën 2CV y en barco con recuerdos mezclados, una fiesta en casa con más recuerdos, y un monstruo en el cobertizo entre meditaciones sobre el sentido de la vida frente al tendedero y un andar desnuda por la casa a la búsqueda de un desatascador perdido (que, por cierto, está en el lomo de la portada). Son historias impregnadas de un extraño lirismo, apoyadas por una rima juguetona e infantil -mérito el haberla mantenido de la traductora, que además se ha molestado en introducir una buena cantidad de notas que aclaran ciertos aspectos de las historias-. Son extrañas, pero evocadoras, y supongo que requieren de cierta sensibilidad compartida con el autor para “sintonizar” con la historia; de lo contrario, es probable que deje más bien perplejo e incluso algo defraudado. Les puedo asegurar que no ha sido mi caso.

Por lo que hace a Mr. Mamoulian, que ocupa 54 de las 100 páginas del tomo, es una suerte de tira cómica, a ritmo de planchas de una página, que se extendió en su publicación original por al menos una década. Rastrear su vida editorial supone repasar una buena cantidad de publicaciones hoy extintas, con lo que difícilmente podría ser leído fuera de este recopilatorio. Tal y como Bolland asume, su intención inicial, entre otras cosas, fue la de realizar un dibujo más espontáneo y menos perfeccionista, dejando que vehiculara las historias de la forma más intuitiva y directa posible. El resultado es altamente irregular, alocado, profundo, desconcertante, divertido, irreverente y un buen montón de adjetivos más, adjetivos que difícilmente llegarán a agotar el pozo sin fondo que son estas peculiarísimas historietas. Aquí sí que no hay término medio, y supongo que el lector terminará amándolas u odiándolas, con pasión en ambos casos. Apúntenme, de nuevo, a los primeros.

Por último, hay una miscelánea con una historia de dos páginas, la cual es una especie de ejercicio de estilo consistente en cómo contar una historia negándose a contar una historia; luego, un par de ilustraciones -con anuncio incluido-, una historieta edificante y un portafolio con imágenes que bien valen que, de encontrarse el ejemplar en la librería, se decidan al menos a ojear.

Comparando la edición española con la yanqui, echo a faltar 12 páginas en la nuestra y, por lo que leo aquí, nos falta una leyenda con princesa y rana de protagonistas. Visto el nivel del resto del material, sin duda esto es algo a lamentar.

En resumen, es un tebeo prácticamente imprescindible para cualquier fan del gran Brian Bolland; si no otra cosa, podrán gozar de su arte en viñetas, actividad en la que, de todos es sabido, bien poco se ha prodigado. Y las historias, tan extrañas como cautivadoras, supongo -así lo espero- que encontrarán su audiencia en aficionados a los que nos gusta la experimentación, el afán de sorprender y la capacidad expresiva y altamente subjetiva de artistas de gran personalidad, como es el caso. Por mi parte, chapeau, Mr. Bolland.

2 comentarios:

Intramuros dijo...

Ha dado usted con la "clave Bolland" que tanto tiempo estuve buscando: detallismo sin renunciar a expresividad. Sin duda, una cualidad al alcance de muy pocos. Y en su faceta de guionista también posee una virtud muy escasa:es absolutamente desconcertante.

Por cierto, en el tomo 20 aniversario de "La Broma Asesina" (polemicamente recoloreada por Bolland para la ocasión) viene una historia corta de Batman aparecida originalmente en un B&W en la que vuelve a demostrarnos que debe dejar de hacer portadas de una vez (pese a lo buenas que son) y continuar con su faceta de autor completo de forma extensiva.

Javi dijo...

Un libro muy bueno. Me gustan las alocadas historias escritas por el amigo Bolland. Me aventuro a decir que, de dedicarse plenamente al oficio de guionista, sería un guionista muy a tener en cuenta.
Mamoulian Rules!

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