Catwoman: Líneas vitales, de Jo Duffy y Jim Balent

Catwoman Líneas vitales de Jo Duffy y Jim BalentCorresponde a Catwoman vol. 2 1-4 (Lifelines) de la edición americana.

Después de que, tras Crisis en las tierras infinitas, se hiciera un reset en todo el Universo DC nuestra felina predilecta, Selina Kyle alias Catwoman, fue reinventada por ni más ni menos que Frank Miller en el ya clásico Batman: Año uno (y, en parte, en Batman Dark Knight). Ahora bien, en nuestra modesta opinión este aspecto no fue precisamente el más afortunado entre las aportaciones de Miller a la leyenda del murciélago, ya que Selina pasó a convertirse en una prostituta no precisamente de lujo, habitante del East End (el peor barrio de Gotham) que, inspirada por Batman, decide ponerse el traje como vía para salir del pozo en el que está (y caer en otro). De este modo el glamour que desde su origen tuviese Selina se desvanecía, pasando de ser una seductora vamp y femme fatale capaz de seducir al mismo Batman a algo mucho más simple y zafio. Por suerte, con los años este pasado parece haber caído en una cierta nebulosa, y particularmente Ed Brubaker nos la presentó ya desde el principio de su etapa de nuevo como una auténtica vampiresa según los tópicos de hard boiled, regresando todo el carisma y encanto que un personaje así requiere.

Entre uno y otro momento hubo un primer volumen dedicado a la felina, de tan sólo cuatro números, a cargo de Mindy Newell y J. J. Birch (1989), y un segundo volumen bastante más longevo, que llegó hasta el nº 94 y enlaza con el volumen en curso (y que terminará en el 82). La añorada Ediciones Zinco publicó el primer arco argumental de dicho segundo volumen en el tomo titulado Líneas vitales, y es el que comentaremos a continuación.

Para alguien que, como servidora, permaneció durante toda la década de los noventa absolutamente ajena al mundo del cómic, el encontrarse ante un tebeo como éste es algo ciertamente impactante. Que una sabe, más de oídas que de otra cosa, que aquella fue una década, por lo que hace al tebeo mainstream yanqui, de dientes apretados, grim and gritty, bad girls, poses, figurines y cañones enormes (un freudiano les haría un traje, a estos tebeos)... Vale, pero como que no te lo acabas de creer (qué exagerados, piensas, no sería tan así...) hasta que lo ves por ti misma. Como en este caso.

La historia corre a cuenta de Mary Jo Duffy, veterana editora y guionista en cuyo currículum hay también colaboraciones con la editorial de Rob Liefeld... Nos hallamos en la época en la que Bane había roto la espalda de Batman, dejándole postrado en una silla de ruedas, y la historia se inicia con Catwoman trabajando para el villano (le entrega lo que va robando, material que luego se reparten). Así pues, Selina se encuentra en su fase de ladrona de guante blanco, una villana que, sin embargo, y como ha sido habitual en su historia, tiene sin embargo ciertos principios que la convierten en esencialmente ambigua.

Durante la historia, un asesino proviniente de la isla de Santa Prisca enviado a por Bane es engañado para creer que Catwoman es su pareja, con lo que atenta contra ella para hacer salir al villano. Selina, sin saber todo esto, inicia una investigación que la llevará precisamente a Santa Prisca en busca de su agresor, y allí descubrirá algunos datos sorprendentes sobre el pasado de Bane. Durante su estancia en la isla es donde se mostrará con mayor claridad la ambigüedad del personaje, que se dedica a ayudar a algunos de sus pobres y oprimidos habitantes, aunque termine haciendo alianza con el cacique local en contra de un conspirador todavía peor...

La historia no es excesivamente memorable, hay que reconocerlo, aunque se deja leer y es, si mediocre, mínimamente entretenida y ni mejor ni peor que cientos de tebeos del mismo género. Ahora bien, el dibujo... Querría suponer que Jim Balent (que sigue, por cierto, en activo con su propia editorial, dibujando una serie... de tetas y culos, vaya) es un dibujante capaz constreñido por las modas de la época de las bad girls que se quedó anclado en aquella... porque lo suyo tiene delito. El "uniforme" de Catwoman, por decir algo, es el clásico vestido que no es tal, sino más bien un simple desnudo con la piel pintada de lila, lo cual deja las intenciones del asunto bien claras. Para colmo, las pechugas de la pobre Selina son una pesadilla; tan alta y espigada y con esa sobrecarga la imagino con unos problemas de espalda crónicos. Y encima, todo el día pegando saltos... Dolor me da de pensarlo.

Ahora bien, lo que me hace creer que Balent es un dibujante correcto es el hecho de que, aparte de las poses enseñando cacha y demás chorradicas de la época (bueno, no sólo de aquella época, ¿verdad?), el tebeo no está del todo mal dibujado. La gente cambia de expresión, hay fondos en las viñetas, la composición es legible y la narración comprensible. No es un Alan Davis, pero comparado con otros dibujantes de la época (no, todavía no me he recuperado de la lectura de la Era de Apocalipsis... Y dicen que no es de lo peor de la década...) no está nada mal.

Resumiendo, aunque sea un tebeo perfectamente olvidable por todos aquellos que, como servidora, no sean especialmente fans de Catwoman, me apetecía comentarlo más que nada por tener en el bló aunque sea un ejemplo del tebeo de máscaras noventero, sección ni bueno ni malo ni todo lo contrario. Así pues, para completistas del personaje y/o gente con curiosidad sobre las bad girls noventeras. Desde luego, el futuro nos ha deparado cosas mucho mejores con el personaje...

3 comentarios:

Bruce dijo...

Bueno, el 'grim and gritty' es más ochentero..los 90 fueron más bien macarras y orteras

Aitor dijo...

Umm... leo ésto y acabo de acordarme que en La 1 echan la peli de Catwoman... y no la he visto...
Umm...

PAblo dijo...

Yo que tu no me acercaba a las colecciones de mutantes de la epoca... ;-D

Impacientes Saludos.

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