EL NÚMERO, de Thomas Ott.

El número de Thomas Ott
La Cúpula nos ha traído, coincidiendo con el Saló de Barcelona, un nuevo título del autor suizo Thomas Ott, del que ya había publicado los álbumes Hellville, Cinema Panopticum y Breakdown. En este caso, sin embargo, no se trata, como en los anteriores, de recopilaciones de historietas cortas (aun con un hilo conductor, como en el caso de Cinema Panopticum), sino de una sola historia que ocupa todo el volumen. Antes de hablar de ella convendría comentar algo sobre este peculiar autor suizo y su manera de entender el cómic, para quien no lo conozca.

Lo primero que llama la atención, cuando uno abre una de sus historietas, es su peculiar grafismo. Utiliza una técnica llamada, en francés, carte à gratter, que consiste en dibujar raspando una hoja cubierta, en este caso, de una textura negra con un instrumento punzante, dando como resultado un aire cercano al grabado, y donde el negro tiene una presencia, obviamente, fundamental. El estilo de dibujo es realista, aunque con toques algo deformados, a veces grotescos, que recuerdan inevitablemente a otros grandes nombres del underground como Charles Burns (por las figuras y el tono, que no por la técnica, prácticamente opuesta) o, incluso, Robert Crumb (por la profusión de rayados para conseguir las texturas). De todos modos, el suizo tiene una personalidad muy propia y muy marcada, y las comparaciones distan de hacerle justicia.

El otro rasgo particular es la ausencia total de diálogos y textos en las viñetas. Son, en efecto, historietas mudas, y es aquí donde se pone a prueba el -enorme- talento narrativo de Ott, conseguido merced a una secuenciación muy trabajada y a la enorme expresividad de la que es capaz de dotar a sus personajes, capaces de contarnos todo lo que necesitamos saber mediante su lenguaje gestual y corporal. La lectura de cualquiera de las obras de Ott es siempre fluida, y no requiere de una especial reflexión para seguir la trama, que evoluciona de forma tan ágil como coherente. Dado que no hay textos que desvíen la mirada de la imagen, el ritmo de lectura depende exclusivamente de la atención visual, que invita, eso sí, a demorarse en los innumerables detalles y la oscura belleza plástica de los paneles.

Entrando ya en el cómic que nos ocupa, encontramos en él la temática recurrente de los tebeos de Ott, misterio y terror de carácter sobrenatural. Los argumentos recuerdan a las historietas clásicas de terror de la escuela EC, y resultarán familiares, en líneas generales, a las que uno pudiera encontrarse en los magazines setenteros de la Warren (Creepy, Eerie, Vampirella...) Eso sí, más allá de la anécdota argumental, lo que marca la diferencia es el modo en el que la historia está narrada: la combinación de silencio y ambientación visual generan un efecto de difícil descripción, y que sólo puede ser experimentado sumergiéndose en la lectura-contemplación.

En El número, Thomas Ott retrata las coincidencias generadas por el hallazgo de un papel en el que hay una serie numérica escrita. El número genera recursivamente paralelismos seriados con un valor destinal que se invierte con el tiempo, causando un bucle narrativo que cierra la historia convirtiéndola en infinita. Si esto les parece pretencioso o extraño, háganse con el tebeo y comprueben por ustedes mismos cómo el suizo consigue justamente esto de una manera tan natural como inquietante.

El mérito de este tebeo está en conseguir, prescindiendo de la palabra (que, en realidad, tan sólo conseguiría romper la atmósfera mágica del cómic), que el lector se sumerja en un mundo delirante y enfermizo, y le sean transmitidas unas impresiones de lo sublime -en el sentido de Edmund Burke- sin posibilidad de catarsis final. Una experiencia que no será del agrado de todos sus lectores, pero cuyos méritos han de serle igualmente reconocidos.

En suma, una "lectura" diferente, más inquietante que terrorífica, más enigmática que misteriosa, y una auténtica rara avis en el poblado mundo de las viñetas. Respecto a la edición de la Cúpula, de auténtico lujo, con lomo entelado, tapa dura y papel y encuadernación de calidad, aunque su precio vaya en consonancia. Sea como fuere, el tebeo lo vale. Si no conocen a Thomas Ott, yo les recomendaría hacerse con su Cinema Panopticum, auténtico panóptico de las obsesiones de su autor; y si ya le conocen, bien, no es necesario predicar al converso, y toda palabra será una palabra de más.

8 comentarios:

Intramuros dijo...

Gran post, y gran autor.

Lo suyo es buena narrativa, y lo demás son tonterías. Estoy deseando tener este nuevo volúmen en las manos.

Hator dijo...

¡Creo! ¡Creo!

Gracias.

ComixCafé. dijo...

Por fin alguien dice algo (y lo dice bien) sobre Ott. Ya os avisamos,18 euros que sumar a los presupuestos del Salón.

PAblo dijo...

Pues me has convencido. Le echaré un ojo.

Werewolfie dijo...

Intramuros: gracias por lo que me toca. Pues sí, es realmente prodigioso cómo Ott cuenta sus historias tan sólo con las imágenes... Parece más fácil cuando son cortas, pero en ésta, que ocupa todo el libro, narra con igual fluidez que en el resto de sus historietas...

Hator: ¡Amén! ¡Shalom!

Comixcafé: en mi caso ha sido un regalito, pero para los que no tengan esa suerte es, en efecto, un gasto impepinable. Y tienes razón en que no es que sea un autor del que se haya hablado demasiado por la blogosfera, y teniendo en cuenta que éste es el quinto libro, si las cuentas no me fallan, que se edita...

Pablo: que sean los dos. ;)

wolvie dijo...

Buenas...hace justo 4 días me regalaron este volumen de Ott (he sido de los suertudos que no han tenido que gastarse esos 18 euros). Pero aunque no hubiera sido así este cómic decoraría mis estantería. Tengo que reconocer que en los volúmenes anteriores este autor se me hacía un pelín pesado al final y creía que no sería capaz con una historia única...pido perdón y voy a darme unos cuantos latigazos como penitencia a mi pecado. Gran Ott!!!

Rafus dijo...

Hola, estaba haciendo una crítica de este mismo cómic y di con la tuya al buscar datos del autor. Muy buen artículo, sí señor, os seguiré leyendo. Un saludo.

Werewolfie dijo...

Gracias, Rafus, ahora pasaré a visitarte a ti también. Shalom!

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