Universo DC: EL ESPECTRO, de John Ostrander y Tom Mandrake.

Planeta de Agostini inicia este mes la recopilación del volumen III USA de El Espectro, serie que tuvo 62 números regulares y algún especial. Se hará en tres gruesos tomos de más de 500 páginas, con un tamaño algo menor del usual, pero que sorprenden por lo manejables y robustos que resultan.

En 1992, y tras una historia editorial bastante azarosa y no excesivamente exitosa, el guionista John Ostrander y el dibujante Tom Mandrake tomaron las riendas en un nuevo intento de situar al personaje como protagonista de su propia cabecera. Hay que decir que yo no le arrendaría la ganancia; el Espectro, creado por ni más ni menos que Jerry Siegel (también creador de Superman) y Bernard Baily, es un personaje que, a priori, parece bastante difícil de escribir. Para empezar, se trata de un fantasma; y, para colmo, poderoso hasta niveles inconcebibles, prácticamente omnipotente. Dado que su universo de actuación es compartido con el resto de personajes de DC, con lo que su contexto editorial es el del género superheróico, se hace difícil pensar en historias que puedan atraer al lector medio de este género, al que suele gustar tener puntos de conexión, de empatía con los protagonistas. ¿Y qué conexión puede establecerse con alguien a quien no se puede dañar ya que, para empezar, está muerto? ¿Qué inquietudes se pueden compartir? ¿Qué retos se le pueden proponer que consigan implicar al lector? Supongo que muchos tenemos presente a Neil Gaiman, que en su Sandman consiguió manejar personajes también ultrapoderosos y crear historias justamente memorables; pero ello se hizo con personajes propios, en el sello Vertigo y con un tipo de historias que son cualquier cosa menos superheróicas.

Ostrander, guionista que tiene entre sus obras títulos recordados como Grimjack -serie de creación propia que ahora reedita Norma Editorial-, Suicide Squad o su Detective Marciano -también con Mandrake y editado por Planeta en el mismo formato del Espectro-, tiene formación en teología... Y parece ser que en esta serie vio la puerta abierta para expresar algunos de los argumentos y razonamientos que sin duda aprendió y reflexionó en sus estudios. Sin embargo, y pese al trasfondo teológico, éste no es más que uno de los elementos que dan interés a la serie. Ostrander no olvida qué tipo de cómic está escribiendo, y prima un excelente desarrollo de personajes, con un buen elenco de secundarios entre los que no faltan algunos personajes DC ligados a la magia: John Constantine, Demon, Madame Xanadú, Dr. (o Dra.) Fate, Zatanna, Deadman... Todos ellos aparecen en algún momento, teniendo mayor o menor importancia en la trama. También hay superhéroes, digamos, estándar: la JSA (en una historia especialmente memorable) o Superman también hacen su aparición. A ellos se les unen algunos personajes de nuevo cuño, humanos que se verán implicados de una u otra manera con las aventuras de Corrigan/Espectro.

Por otra parte, también hay acción y lucha. El villano principal de la trama es el demonio Azmodus, que atacará de forma directa o indirecta al Espectro en combates francamente espectaculares. Y encontramos también elementos de terror, comenzando por el propio Espectro, espíritu de la ira y la venganza que ajusticiará a los que juzgue pecadores de modos tan morbosos y horrendos como imaginativos.

La trama se caracteriza por el cambio, por su desarrollo continuo. En cada número pasan cosas que afectan a los personajes, haciéndoles evolucionar y ver trastocado su statu quo. Pese a que pudiera parecer una serie reflexiva -que también lo es-, es sorprendentemente dinámica y muy, pero que muy entretenida.

Por lo que hace al dibujo de Tom Mandrake, debo decir que me ha sorprendido gratamente. Recordaba unos episodios de Los Nuevos Mutantes que, dicho diplomáticamente, no me parecieron especialmente brillantes. Sin embargo, en este título Mandrake hace de sus limitaciones virtud y crea una atmósfera muy al estilo de Gene Colan, lleno de brumas y texturas, muy expresivo y adecuado al título. Su narrativa es muy buena, y suma una imaginación visual francamente notable. En suma, un trabajo excelente, quizá lo mejor de su carrera.

Resumiendo: un tebeo de culto, que, si hubiera llegado poco menos de una década antes, o bajo el sello Vertigo, probablemente sería hoy leyenda. Una joya que no ha recibido todo el reconocimiento que sin duda merece, y por fin al alcance del lector español en una edición con una relación calidad/cantidad/precio francamente inmejorable. Un título al que debería darse una oportunidad, y que espero no pase desapercibido.

3 comentarios:

Civ dijo...

Pues ya me has convencido totalmente, va a caer seguro. Por cierto, no has pensado en eviar tu currículum a Planeta para escribir los textos promocionales. Si todos fueran tan buenos como éste, otro gallo cantaría ;)

Jaime Sirvent dijo...

Tanto este como el de Aparo van a caer en cuanto el presupuesto lo permita.

Hator dijo...

Leer con agrado 400 páginas en una mañana es algo que no todos los cómics consiguen.

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