Marvel en los 60: optimismo e incertidumbre en los héroes tecnocientíficos (i)
INTRODUCCIÓN.
Lo que daría, sin embargo, el pistoletazo de salida a esta nueva época de esplendor para el cómic superheroico norteamericano, conocida actualmente como Silver Age -en contraposición a la anterior Golden Age de los cuarenta- sería un episodio de la serie Showcase de DC Comics, concretamente el nº 4, en la que sería presentada una nueva versión del superhéroe Flash, a la que seguirían renovaciones de otros personajes desaparecidos de la casa (Green Lantern, Green Arrow, Martian Manhunter, etc.) y el consiguiente éxito editorial.
Animados por este éxito, en Marvel aparece, en noviembre de 1961, el primer número de la serie Fantastic Four, tras la que irían apareciendo sucesivamente otras series y personajes hoy muy populares como X-Men, Spiderman, The Avengers o Hulk, y volverían algunos viejos personajes, como el Capitán América o Namor, entre otros. Lo que aquí se reconquistó, para comenzar, fue el interés mayoritario por el cómic de superhéroes en el mercado norteamericano, que recuperaba así su predominio como género -y que no ha vuelto a perder hasta la actualidad, aunque su mercado hoy esté más mermado; lo cual parece relativamente compensado por la conquista de otros medios como el cinematográfico-.
En lo que se operó un cambio sustancial fue en el modo como se abordaron, en aquel momento, las historias y la caracterización de personajes. De un tipo de historieta autoconclusiva de planteamiento casi mecánico y repetitivo ad nauseam -aunque no sin un bizarrismo pop que le daba un encanto muy apreciable hoy día-, las tramas se empezaban a desarrollar en sagas, con continuidad e interrelación entre personajes, series y acontecimientos, dando lugar a una imagen de universo compartido y cohesionado: el Marvel Universe. Y de unos personajes absolutamente planos y arquetípicos hasta la médula, se pasa a la introducción de matices y comportamientos más complejos, quizá incluso con un cierto toque existencialista en alguno de los caracteres (2).
Stan Lee, apodado "el Homero de los comics" -y mucho de, al menos, prolífico ideador de personajes y odiseas, y bardo de lenguaje muchas veces grandilocuente sí que tiene- escribió la mayoría de guiones, mientras que Jack Kirby fue el creador -como mínimo- gráfico y coargumentista de la mayoría de los personajes, aportando una espectacularidad y dinamismo con sus lápices inéditos hasta el momento. Steve Ditko, dibujante tal vez de menor impacto visual pero eficiente, imaginativo y excelente narrador en imágenes, es recordado principalmente por haber sido el que diera vida, junto a Stan Lee, al que posiblemente sea el personaje más famoso de la editorial y uno de los grandes iconos de la cultura popular norteamericana de la segunda mitad del siglo XX: Spiderman. Sin que pueda obviarse, por lo demás, su aportación a otra serie menos conocida, pero de gran calidad: Doctor Strange.
Se dio inicio de esta manera a una etapa del cómic norteamericano que, juzgada en su contexto, ha merecido no pocos estudios en profundidad y, generalmente, un reconocimiento positivo. Para lo que en el desarrollo de este artículo nos interesa, y esto se verá durante el desarrollo del mismo, los comics Marvel de este periodo resultan especialmente interesantes por la gran cantidad de elementos relacionados con la ciencia y la tecnología que se encuentran entre sus páginas. El género de superhéroes ha sido, tradicionalmente, algo así como un primo hermano de la ciencia ficción, con la que muchas veces comparte puntos en común y de la que ha solido nutrirse en multitud de ocasiones. Y, tal y como por ejemplo Miquel Barceló ha señalado, la ciencia ficción es un buen lugar para repensar la ciencia y la tecnología y sus impactos sobre la sociedad; en particular, por lo que tiene de reflejo especular -aunque a veces sea a través del valleinclanesco callejón del gato- de la imagen que la sociedad tiene en y para ella misma sobre las interrelaciones entre los tres elementos. Veremos si en las continuaciones de este artículo hemos conseguido al menos pensar un poco ciertas cuestiones que la lectura de los comics de la época, a través del filtro de la teoría de la ciencia y los estudios CTS, nos han ido sugiriendo.
(Continuará)...
(1) Sobre este aspecto, a propósito de la historia de los comics de la editorial norteamericana EC, pueden consultar un artículo anterior de este blog en este enlace.
(2) Al lector de hoy en día los personajes deben de parecer, probablemente, todavía demasiado planos y bastante incoherentes en su modo de proceder, un poco personajes de guiñol, forzados, melodramáticos y muchas veces simplemente absurdos -aunque interesantes en muchos aspectos-. Pero no puede negarse que representan un paso adelante en el género respecto a modelos anteriores y, aún, cohetáneos, y tal vez no carezcan, pese a todo, de un encanto y carisma que les ha concedido su supervivencia como iconos populares y su salto a otros medios (con la excepción generalizada, dicho sea de paso, de los personajes femeninos; hablaremos sobre esto en una próxima entrada).

















2 comentarios:
He tenido que buscar eso de "los estudios CTS". ¡Qué caradura, obligarme hacer ese esfuerzo!
Ismael, el portador de la cerilla prometeica.
Suerte de san Google, el detective de la ubicuidad. ;)
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