DESOLATION JONES, de Warren Ellis y J. JH. Williams III.


De la mano de Norma Editorial nos llegó hace unos meses la recopilación de los seis primeros números de la serie Desolation Jones, obra del guionista Warren Ellis y el dibujante J. H. Williams III. Nos encontramos con el primer arco argumental, Made in England, el cual sirve para presentar a su protagonista y sentar las premisas de la trama, además de para contar una historia realmente interesante…

Warren Ellis parece tener un interés especial en las historias de detectives, pistoleros, asesinos, agentes secretos y otros tópicos del género negro. Hay un tipo de personaje que suele repetirse, con variaciones, en sus tebeos: una persona amargada y algo cínica, de vuelta de todo, fumadora, bebedora y de moralidad peculiar, que se ve envuelta en una trama llena de sangre y violencia. Tanto en sus obras más o menos extensas, -Planetary, Transmetropolitan, The Authority, Global Frequency...- como en sus miniseries autoconclusivas -Strange Kiss, Red, Reload…- podemos encontrar ejemplos de este tipo de personaje. Y el tebeo que nos ocupa es uno más, y especialmente interesante; explicar cualquier cosa sobre el mismo, más allá de los tópicos citados arriba, sería reventar buena parte del interés de la historia, con lo que dejaremos al lector que lo descubra por sí mismo.

Lo dicho a propósito del protagonista vale igualmente respecto de la trama. Diremos tan sólo que incluye ex agentes secretos, una ciudad de paso, un padre preocupado y tres gorgonas, retazos de un pasado chungo, una auténtica mujer araña, secretos del porno y muchas cosas más.

Este tebeo es Ellis en estado puro. Se le nota especialmente inspirado -quizá por el aliciente de trabajar con un pedazo de artista como es Williams III-, y puedo decir que éste es, junto con Planetary y algunos números de Global Frequency, mi tebeo favorito de este guionista. El talento de Ellis para dialogar se muestra aquí en todo su esplendor, con algunas líneas realmente memorables; más allá de la mera provocación a base de exabruptos y escatología, que algunos compañeros de generación practican hasta alcanzar la autoparodia y la inanidad, Ellis retrata a sus personajes con precisión y coherencia, dándoles un registro propio y la posibilidad de entrar en sus mentes y empatizar con ellos. Desde el patetismo enternecedor hasta el humor un poco al estilo de Pulp Fiction, desde el cinismo hasta una ingenuidad mantenida pese a las circunstancias; todo lo que es necesario para perfilar a sus personajes y hacer avanzar la historia tiene cabida aquí. Se podría objetar la falta de originalidad, puesto que el esquema argumental y los tipos son deudores de referentes bastante conocidos; pues bienvenido el plagio, siempre que sea tan brillante como en este tebeo.

Sobre J. H. Williams III, me faltan las palabras. Es el dibujante de Promethea, y eso, para mí, lo dice casi todo. Aquí podemos verle entintándose a sí mismo, con un interesante color de José Villarrubia, y el resultado es, sin duda alguna, excelente. Williams experimenta constantemente, con el diseño de página, con la composición, la angulación, los efectos, en fin, con cualquier recurso que el cómic pone a su disposición. Aquí incluso varía el tipo de entintado y, para que se hagan una idea, a veces recuerda el estilo que emplea Jae Lee, a base de líneas finas que contrastan con sombras geométricas muy perfiladas. Otras veces, en cambio, el volumen se consigue a base de rayar las zonas sombreadas, y uno no puede evitar pensar en artistas como Bill Sienkiewicz. De todos modos, el estilo de Williams es personal e inconfundible: muy realista, sin resultar estático, de un academicismo y una corrección asombrosos; destacaría, además de su afán experimentador y la belleza de sus composiciones, su habilidad a la hora de dibujar el rostro y el cuerpo humano. Por intentar buscarle algún pero, diremos que en ocasiones no es fácil adivinar el sentido de lectura de la composición… pecata minuta, en comparación con todo lo que el artista nos ofrece a cambio de esta ocasional incomodidad. En resumen, un artista con mayúsculas, uno de mis favoritos no sólo de la actualidad, sino de todos los que conozco en cualquier época.

Por lo dicho hasta ahora, se podrán imaginar que de la conjunción de un guión que considero más que interesante y un dibujo francamente memorable sólo puedo expresar una opinión: un tebeo soberbio, una obra que quizá sea pronto “de culto”, tal vez no apta para todos los paladares -aunque no es particularmente inaccesible, antes al contrario-, pero que ofrece dosis de violencia, erotismo soterrado y algo enfermizo, conspiraciones en la sombra y la paranoia asociada, personajes crepusculares, diálogos brillantes, humor negro y algo macarra, ternura y empatía frente a todo pronóstico y una moralidad retorcida pero coherente, entre otras cosas; todo ello con una presentación visual de auténtico lujo, un deleite para los sentidos y el intelecto.

En fin, un tebeo que considero más que recomendable para los aficionados a cualquiera de sus autores, al género negro más decadente, a las tramas conspiratorias o, simplemente, los buenos comics. Y es sorprendentemente barato -seis números yanquis en un bonito tomo en rústica por 10 euros: enhorabuena a la editorial, es de justicia reconocer el esfuerzo-; no hay excusa para no hacerse con él. Espero que, si así lo hacen, lo disfruten al menos tanto como yo.

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