CATWOMAN: LA ETAPA DE ED BRUBAKER.

Hacemos en lo que sigue un repaso a la excelente etapa del guionista Ed Brubaker a cargo de la serie Catwoman, acompañado por los artistas que se listan a continuación. Se sigue el orden de los tomos tal y como han sido editados en nuestro país, entre mayo de 2003 y marzo de 2007. El próximo mes de junio está previsto que aparezca un tomo recopilatorio, por parte de Planeta de Agostini, que recogerá todo el material ya editado por Norma, a excepción del especial Catwoman: El gran golpe.


-Catwoman: El lado oscuro de la calle, dibujo de Darwyn Cooke. Norma Editorial.
-Catwoman: Malas calles, dibujo de Brad Rader, Michael Avon Oeming y Eric Shanower. Norma Editorial.
-Catwoman: Sin tregua, dibujo de Cameron Stewart. Norma Editorial.
-Catwoman: Caer no es fácil, dibujo de Javier Pulido. Norma Editorial.
-Catwoman 1, dibujo de Cameron Stewart. Planeta de Agostini.
-Catwoman 2, dibujo de Paul Gulacy. Planeta de Agostini.
-Catwoman 3, dibujo de Paul Gulacy, Diego Olmos y Sean Phillips. Planeta de Agostini.

Se incluye también un comentario del especial Catwoman: El gran golpe, de Darwyn Cooke, como complemento de la etapa. Quedan por comentar los tres números que forman parte del crossover "Juegos de guerra", publicados en tomos aparte de los aquí listados.

Catwoman: El lado oscuro de la calle.

Incluye los 4 primeros números USA de Catwoman (vol. II) además de una especie de prólogo que se publicó en forma de complementos en Detective comics. Los guiones son de Brubaker, y el dibujo corre a cargo de Darwyn Cooke, con entintado en algún episodio de nada menos que Mike Allred.

La historia comienza con los citados complementos, cuatro historietas de ocho páginas cada una que cuentan la búsqueda del detective Slam Bradley, personaje que tendrá su importancia de aquí en adelante, de la desaparecida Catwoman. Es un comienzo excelente, lleno de tópicos de serie negra, intrigante y muy bien contado. El hecho de hacerlo desde la perspectiva del detective consigue rodear de misterio e interés la figura de Selina, devolviéndole parte de ese halo de femme fatale a la vieja usanza, lleno de glamour, sensualidad y ciertas ambivalencias que, desde el nuevo origen que Miller le dio al personaje -en mi modesta opinión, lo más desafortunado que hizo éste en el universo de Batman- parecía haber perdido.

A continuación, tenemos los cuatro primeros números de la serie regular, renumerada para la ocasión en esta auténtica revamp de la gatita. Juntos forman el arco argumental titulado aquí Anodino, y cuya tarea principal es la de asentar el nuevo status de Selina, rodearla de un grupo sólido de secundarios y poner el primer ladrillo en una historia que se alargará hasta la última historia que comentaremos aquí.

Por lo que hace a Selina, la encontraremos en plena crisis de identidad, tratando de definir quién es y qué quiere hacer con el resto de su vida. Su encuentro con Holly Robinson, una antigua amiga, además de ciertos acontecimientos, hacen que el rol de Catwoman sea encaminado hacia la defensa de los elementos más débiles de la sociedad de Gotham, los habitantes del East End, particularmente, las prostitutas, las cuales están siendo víctimas de un asesino en serie. Leslie Thompkins, que regenta una clínica de beneficiencia en el lugar, le ayudará puntualmente en su cometido.

Así pues, esta historia concede una razón de ser, una misión al personaje, comenzando además a definir su personalidad y sus relaciones con otros secundarios, incluyendo a Batman, que también hace su aparición en algún momento. Por lo demás, el tomo resulta bastante entretenido, y nos da una pista de lo que es capaz Brubaker como escritor. Además de los diálogos, fluidos y siempre relevantes, utiliza textos de apoyo que forman una narración en off, en la primera historia con Bradley de protagonista, y Catwoman en la segunda, siguiendo un estilo muy de serie negra. De este modo podemos penetrar mejor en los pensamientos y sentimientos de los protagonistas de cada segmento.

Mención aparte para el excelente dibujo de Cooke. Un tanto cartoon, muy expresivo y con una excelente narrativa, tiene un tono más que adecuado para la historia que se cuenta. Las portadas y splash pages nos dan, además, la medida de sus dotes como ilustrador. No faltan los homenajes, como el que dedica a la clásica historieta de EC Master Race en la página 60 del tomo. Aunque a más de uno puede, a priori, no gustarle demasiado el estilo -un tanto inhabitual en el género de pijamas, todo hay que decirlo- merece darle una oportunidad; es probable que termine convenciendo a más de un lector reticente.

En resumen: un tebeo excelente por sí mismo, bien escrito, entretenido y visualmente expresivo y dinámico. Sin embargo, lo mejor está por llegar...

Catwoman: El gran golpe.

Entre el primer y el segundo tomo recopilatorios de la serie regular de Catwoman nos encontramos con esta historia, publicada originalmente en tomo, obra de Darwyn Cooke en solitario. Podemos observar aquí la habilidad de este autor también como guionista, faceta en la que, en mi opinión, no brilla tanto como en la de dibujante.

La historia se publicó con posterioridad a la etapa de Brubaker y Cooke en la serie regular de la felina, pero tiene lugar, en la cronología del personaje, antes de aquella. Es el periodo en el que Catwoman estaba supuestamente muerta, con lo que Selina apenas usa el traje en esta historia. Los hechos enlazan con los de la serie regular -incluyendo la aparición de Sam Bradley-, y viene a servir de complemento a aquella. De todos modos, se puede leer de manera independiente.

Cooke plantea la trama como si de una película de ladrones de gran estilo se tratase. Tenemos todos los elementos para ese "gran golpe" que anuncia el título: un plan, reclutamiento de profesionales en la materia, intereses siniestros, traiciones, acción y épica, un final dramático... Sin embargo, algo me falla en la ecuación. Tal vez sea que, en comparación con el trabajo de Brubaker -y aquí es ineludible- el guión de Cooke me parece más flojo. Quizá es que es, justamente, en exceso tópico. O igual es que, dejando de lado a Selina y Slam -y esto quizá sea, de nuevo, más mérito de Brubaker que otra cosa-, no conseguí implicarme con ninguno de los personajes que Cooke nos presenta en la historia. Sea por lo que fuere, se trata de un tebeo que, sin parecerme malo, no me pareció demasiado destacable. Algo parecido me ocurre con otro tebeo escrito por Cooke, The New Frontier, cuyo guión encuentro correctísimo, sin tacha, pero que por algún motivo no termina de llegarme. Eso sí: tanto uno como otro se benefician del excelente dibujo de Cooke, algunas de cuyas virtudes ya he destacado en la entrada anterior. Y hablando de dibujo, el tomo incluye una serie de ilustraciones a cargo de Mike Mignola, Michael Allred, Jim Steranko -mi favorita-, Adam Hughes, Daniel Torres, Jaime Hernández, Shane Glines y Kevin Nowlan.

En resumen: una historia que no me motiva en exceso, sin que pueda decir en absoluto que esté mal escrita, con un dibujo y una narrativa que, en mi opinión, justifican suficientemente su compra. Con todo, una lectura entretenida y que hace suficiente justicia a un personaje que, bajo los guiones de Ed Brubaker, ha vivido sin duda una de las mejores etapas de su historia.

Catwoman: Malas calles.
Incluye los números 5 a 10 USA y el especial Catwoman: Secret Files & Origins 1 USA. Los guiones están escritos, cómo no, por Ed Brubaker y las portadas son obra de de Paul Pope, mientras que el dibujo corre a cargo de:

-Brad Rader, entintado por Cameron Stewart y Rick Burchett, en los episodios de la serie principal.

-Michael Avon Oeming en el episodio de Secret Files & Origins, con entintado de Mike Manley.
-Eric Shanower, en la historieta de dos páginas que apareció en el tebeo que se acaba de citar.

Los números de la serie principal cuentan con dos episodios autoconclusivos, el primero y el último de los incluidos en el tomo, y la saga de cuatro números Disfraces entre aquellos. Por lo que hace al primer episodio, titulado La teoría del sudor, cuenta una historia relacionada con el uso de niños como camellos para pasar droga sin levantar sospechas. Selina se implica en una historia relacionada con esto... y, pese a sus buenas intenciones, las cosas no salen como estaba previsto. A destacar el regreso de Slam Bradley a la serie, desde luego uno de los elementos más interesantes de la misma -se nota la querencia de Brubaker por los viejos detectives-, y que los hechos ocurridos en esta historia van a tener consecuencias, y muy graves, más adelante.

Por lo que hace a la historia central, Disfraces, nos permite en primer lugar conocer algo mejor a Holly, la amiga de Selina. Sabremos más cosas de su pasado, conoceremos a su amante, Karon, y la veremos en una situación bastante difícil... Por lo demás, Brubaker nos da toda una lección del mejor cómic de serie negra, con corrupción, drogas, oscuridad y cinismo, pero también lealtad y la voluntad de hacer lo correcto. Lo importante de la trama, sin embargo, son los personajes: el guionista consigue definirlos, principales y secundarios, con una precisión milimétrica, destacando por encima de todo unos diálogos y un planteamiento de situaciones absolutamente brillantes. Uno no puede evitar menos que sentirse atrapado en todo lo que ocurre, y el desarrollo de la trama he podido seguirlo no sin cierta ansiedad, pero también con empatía y con la sensación de estar leyendo un tebeo realmente estupendo. Por cierto, al final de este arco argumental descubriremos al villano detrás de toda la trama... anunciando el terror que está por venir.

El número 10 de la serie regular es, como decía, otra historia autoconclusiva que nos muestra cómo su guionista se mueve sin problemas también con un espacio más reducido; quien haya leído Sleeper ya sabrá de su habilidad para contar historias autosuficientes en cada número, por más que se integren en tramas de mayor longitud. Es una historia de manual del buen guionista de tebeos, que sirve para añadir elementos al pasado de Selina y darnos nuevas pruebas del código moral absolutamente sui generis que mueve al personaje. No se pierdan por lo demás, el diálogo que tiene con Bruce Wayne; siempre que el guionista junta a estos dos personajes las viñetas chisporrotean.

Al final del tomo se encuentra el episodio de Secret Files & Origins donde, a través de una excusa argumental, Brubaker nos cuenta algunos momentos del pasado de la gatita con bastante gracia, siendo un episodio entretenido que cuenta además con el aliciente del dibujo del curioso Avon Oeming. Y como epílogo, se incluye un guiño a los lectores de la serie en la historieta de dos páginas donde Brubaker nos explica, con sentido del humor y à la Morrison, "Por qué Holly no está muerta". Toda una delicia, excelentemente dibujada por Eric Shanower.

Por lo que hace al dibujo, Brad Rader hace un buen trabajo, en un estilo cartoon-noir similar al de la serie Aventuras de Batman, algunos de cuyos episodios -en cómic- hemos podido leer por aquí. De todos modos, me parecen bastante mejores los episodios entintados por Cam Stewart que los de Rich Burchett; de lo que es realmente capaz el primero tendremos una buena prueba en el siguiente tomo (y en el primer tomo de esta serie en la edición de Planeta, comentado más adelante, y en el Seaguy que realizó junto a Morrison). A destacar también, ya que no lo había hecho hasta ahora, el color de Matt Hollingsworth, bastante plano y con tendencia a los monocromatismos, y que en esta serie, y con este estilo de dibujo, contribuye a dar con la atmósfera requerida para las historias.

Concluyendo: ya con las piezas sobre el tablero, Brubaker deja que sus personajes respiren, se muevan y nos permitan implicarnos en sus vidas. Las tramas, en general, suben un par de peldaños respecto al tomo anterior, mientras que el drama crece en intensidad y se prepara para la gran saga que tendrá lugar en el próximo tomo.

Catwoman: Sin tregua.
Incluye los números 12 a 16 USA de la serie regular de la gatita, que forman el arco argumental con este título. Están escritos por Ed Brubaker y dibujados por Cameron Stewart, con color de Matt Hollingsworth. Las portadas corren a cargo de J. G. Jones.

Ya lo anticipábamos un poco más arriba: Catwoman y los personajes que la han acompañado en esta etapa viven en esta entrega la que probablemente sea su historia más intensa y dramática hasta el momento. Todo lo que aquí ocurre va a tener sus consecuencias en todo el reparto de la serie -consecuencias que serán exploradas en el siguiente tomo-. Brubaker se ha tomado su tiempo, utilizando los episodios anteriores para presentarnos a sus protagonistas, permitiéndonos que nos encariñásemos con los personajes, y encaminando los acontecimientos en forma de crescendo hasta el clímax que tiene lugar en este arco argumental.

Cuando pensábamos que el reparto básico de la serie estaba completo, Brubaker nos presenta un par de nuevos secundarios, llegados directamente del pasado de Selina, que van a tener un papel determinante en esta saga. Una es una mujer con la que tiene un parentesco muy cercano, que aparece por Gotham después de mucho tiempo y que le servirá al guionista, entre otras cosas, para presentarnos una de las escenas más terribles que se han visto en la serie. Dicho sea de paso, es fantástico cómo, tras apenas un par de diálogos, Brubaker es capaz de hacer que nos importe lo que le ocurre a un personaje (y nota... esa empatía, esa implicación con los personajes es lo que más echo en falta en su Capitán América, narración que considero correcta, entretenida y con elementos de interés, pero con cuyos personajes no he conseguido conectar). La otra es también una mujer, una con la que Selina compartió una etapa de su vida bastante turbia, y que desapareció de la vista en circunstancias no muy gratas. En este tomo alcanzará un papel bastante relevante.

El villano de la historia está caracterizado de una manera, creo yo, absolutamente brillante. Su papel es realmente terrorífico y, aunque el personaje en sí mismo no parece a priori gran cosa, Brubaker lo hace sumamente interesante. En la sombra durante buena parte de la historia, cuando haga acto de presencia podremos contemplar algunas de las escenas de mayor impacto que he podido ver en un cómic de la DC en mucho tiempo.

A lo largo de los comentarios a los tomos anteriores creo haber destacado sobradamente la habilidad impresionante del guionista para los diálogos. Pues bien, aquí Brubaker da el do de pecho y se marca unas conversaciones de auténtica antología. Sin reinventar la rueda, sin efectismos banales, tirando de oficio y savoir faire. Esto redunda, obviamente, en la excelente caracterización de personajes, a mi modo de ver, lo mejor de una etapa con muchos puntos brillantes. Quién nos iba a decir que un spin off salido de los alegres 90 y su furor por las bad girls nos daría algún día tan buenos momentos.

Por último, pero no menos importante, el dibujo: en mi opinión, un auténtico recital de caracterización, narrativa, expresividad, dinamismo y buen hacer el que nos ofrece un Cameron Stewart tocado por la mano divina. La historia merecía un tratamiento gráfico acorde a su calidad, y por fortuna esta vez así ha sido. Stewart recoge lo mejor del estilo cartoon de sus predecesores en la serie y lo eleva a nuevas cotas. Más limpio que Cooke e incluso Rader, su dibujo está mucho más detallado que los de estos autores, en especial los fondos, y mantiene, si no supera, sus habilidades narrativas (aunque quizá resulte menos expresivo y carezca de esa plasticidad especial de los dibujos de Cooke... en todo caso, sus estilos son diferentes dentro del parentesco que puedan tener como provinientes ambos del mundo de la animación).

En resumen, nos hallamos ante el arco argumental que culmina esta parte de la etapa de Brubaker con una historia dura, que marcará a todos los personajes y requerirá todavía de un arco argumental, el siguiente, para hacer un análisis, en tono mucho más intimista, de lo que aquí ha ocurrido. Que ha sido mucho, y que ha tenido acción, épica, dramatismo, diálogos brillantes, personajes inolvidables y la sensación de haber compartido con todos ellos un momento crucial de sus existencias de papel. Una de las historias que me hacen recordar por qué me gustan los cómics.

Catwoman: Caer no es fácil.

Con los números 17 a 19 y 11 USA de la serie regular. El guión de los 3 primeros continúa siendo de Ed Brubaker, mientras que se encarga de los dibujos el español Javier Pulido, incluyendo las portadas, y del color Matt Hollingsworth. El número restante está escrito por Steven Grant, dibujado por Brad Rader -con tinta de Mark Lipka y Dan Davis- y color de Lee Loughridge, con portada de Brad ¿Parker?

El número 11 norteamericano es un fill-in, situado fuera de la trama principal, y su publicación fuera de orden no altera la continuidad de la lectura. Se trata, a mi parecer, de una historia correcta, realizada con oficio por sus autores, pero,como suele ser habitual en este tipo de historias, bastante intrascendente e incluso prescindible (si no voy errado, no se incluyó en la edición en TPB de la etapa en Estados Unidos).

El resto de episodios forman el arco argumental Caer no es fácil, donde Brubaker explora las consecuencias de lo ocurrido en el pasado tomo. Se trata de una narración mucho más intimista, que prescinde casi totalmente de acción, y que, cuando la hay, es episódica y supeditada a la reacción de algún personaje. El guionista opta por una vía a la que no estamos muy acostumbrados en este contexto, donde los héroes luchan contra los villanos y, resuelta la batalla, vuelven contra la siguiente amenaza sin mayores problemas. Pero Catwoman no es, a estas alturas ya debe estar claro, una serie de pijamas al uso. Brubaker maneja aquí a sus personajes de ficción con maestría, intercambiando puntos de vista entre ellos sobre una misma situación, permitiéndonos indagar en las diferentes perspectivas con que cada uno de ellos trata de hacer frente a la nueva situación, a las heridas emocionales sufridas en la anterior batalla. El tebeo se asimila mejor al género slice of life que al de superhéroes y vigilantes enmascarados, y a ello contribuye poderosamente el estilo de Javier Pulido. El español se decide por un estilo engañosamente sencillo, de trazo grueso, abocetado y sin concesiones a la resolución y el detalle. Un estilo quizá demasiado "gafapasta" para un tebeo de la DC, y que justamente por ese estar fuera de tiesto sin duda no agradará a ciertos lectores, más acostumbrados a dibujantes más canónicos. Personalmente, a mí Pulido me encanta, y creo que éste es uno de sus tebeos más logrados. Tirando de pinceles gruesos, con una línea que resalta los mínimos necesarios, cede el terreno a la expresión más que a la impresión de las imágenes. Su Selina es tan elegante como minimalista, pero dotada de un encanto especial. Su Catwoman, en cambio, es un borrón, una mancha negra estilizada que fluye, se expande y se contrae por las viñetas como una sombra. Slam es un tipo duro, pero más vulnerable de lo que su fachada pudiera dar a entender. Y Holly es mostrada auténticamente frágil y desvalida. Por lo demás, Pulido se permite experimentar con algunos recursos narrativos que, unidos al modo de estructurar la historia de Brubaker, nos dan como resultado final unos episodios de un tipo realmente infrecuentes en el género, pero que creo consiguen dar en el clavo y concluir brillantemente este ciclo de la etapa.

Catwoman 1 (Planeta).

Incluye los números 20 a 24 de la serie regular y una historieta corta, con Slam Bradley de protagonista y Selina de acompañante, aparecida en el Catwoman: Secret files & Origins nº 1. Por lo que hace a esta última, sería más o menos anecdótica de no ser por cierta revelación sobre Slam que se nos hace al final del episodio, además de mostrarnos, una vez más, que Brubaker se mueve igualmente bien en distancias cortas. Y, ya en los números de la serie regular, encontramos un arco argumental, Viaje salvaje, que, como su nombre indica, nos invita a acompañar a Selina y Holly en su recorrido por algunas de las ciudades más representativas del Universo DC. Así, nuestras protagonistas compartirán su tiempo con Wildcat en Nueva York, incluyendo una lucha contra ¿asesinos ninja egipcios cultistas? Pues sí. Luego tendremos un imposible team-up entre Catwoman y el Capitán Frío en Keystone City... Entre esta ciudad y Opal City las chicas tendrán un encuentro de alta tensión en un bar de carretera, mientras que en Gotham Slam Bradley tendrá sus más y sus menos con Batman (ay, Selina, ¿qué les das?). Ya en la ciudad de Starman, Selina volverá a tener sus más y sus menos con más asesinos ninja... etc., y un interesante encuentro con un personaje (¡otro!) de su movidito pasado. De ahí pasamos a St. Roch, la ciudad de los halcones -Hawkman y Hawkgirl-, donde, Wildcat mediante, estos conocerán a Selina y Holly. En este último episodio sabremos por fin cuál era la motivación secreta de Selina para comenzar el viaje, y encontraremos una serie de escenas que devuelven un poco de paz a unos personajes que han sido bastante maltratados en los últimos tiempos. La relación entre Holly y Selina se muestra más consolidada que nunca, y nuestra gatita muestra ser menos arisca de lo que su apodo da a entender, tal y como la vemos interactuando con personajes tampoco fáciles de tratar como Wildcat, el Capitán Frío o Hawkgirl. Su capacidad para marcar a la mayoría de hombres -y mujeres, por qué no decirlo- que conoce también queda patente a lo largo de las historias. Supongo que todos hemos conocido alguna mujer así...

En resumidas cuentas: un tomo con mucha más acción y variedad de escenarios y personajes que el anterior, pero que no pierde un ápice de intensidad emocional y cuidado en el desarrollo de personajes. El dibujo de Cameron Stewart sigue siendo una auténtica maravilla. En fin, una historia entretenida y adictiva, un auténtico caramelito para todo buen aficionado al Universo DC, a los superhéroes y justicieros enmascarados como género, y a las buenas historietas en general.

Catwoman 2 (Planeta).
Incluye los números 25 a 29 USA, con la novedad destacada del veterano Paul Gulacy a los lápices, Jimmy Palmiotti entintando y Laurie Kronenbergponiendo colorines.

Obviamente, la presencia de un artista como Gulacy imprime un tono radicalmente diferente al estilo que había ido manteniéndose desde que Darwyn Cooke marcara la línea a seguir en el primer número del volumen II norteamericano. Así, del dibujo más o menos cartoon, expresivo, dinámico y algo minimalista que habían seguido, cada cual en su peculiar interpretación, los dibujantes que habían ido pasando por aquí (Brad Rader, Cameron Stewart y Javier Pulido), pasamos al más detallista, fotorrealista y algo estático trazo de Gulacy. Sus limitaciones son bien conocidas (desproporciones, incorrección anatómica, expresiones faciales no siempre bien logradas, perspectivas a veces deficientes, cierta rigidez...), pero se compensan con una página bien trabajada, donde se puede ver que hay una intensa planificación y un interés por completar fondos e incluir elementos con toda la definición que sea necesaria. Personalmente me da la impresión de que Gulacy es mejor diseñando las viñetas que llevando a cabo el dibujo final. Se nota que busca hacer un dibujo vistoso mediante la variedad de planos y perspectivas y la composición de las viñetas, pero quizá no termina de resolver los retos que a sí mismo se propone. En lo de las perspectivas a ratos me recuerda a Gene Colan, aunque el referente siempre que se habla de Gulacy es, por algún motivo, Steranko. Sea como sea, a mí Gulacy, con las limitaciones que se quiera, no me desagrada. Me parece especialmente interesante como portadista, y las cubiertas de este tomo son un buen ejemplo. Su forma de narrar es generalmente, pese a todo, clara, y cuando uno se acostumbra a ciertos... inconvenientes, su dibujo puede resultar hasta simpático y todo. Me parece, en suma, un buen profesional, por encima de la media, con sus puntos de interés y alguna cosilla discutible pero también disculpable. Eso sí, lo que no termino de ver es su elección para esta serie, justamente en este momento y en esta etapa. El cambio de estilo es, ya digo, bastante radical, y su interpretación de los personajes, demasiado lejana de la que venía siendo habitual. Selina, por ejemplo, pasa a tener de nuevo el traje pegado a la piel, con lo que volvemos a verla desnuda con el traje pintado por encima. Slam Bradley "toma prestado" su rostro de cierto actor y, en general, todos los personajes están más o menos cambiaditos. En fin, habrá a quien le gustará más esta línea, pero ya se habrán imaginado lo que yo opino.

Por lo que hace a la historia, si fuera un poco más suspicaz pensaría que el cambio de dibujante no debió de sentarle del todo bien a Brubaker, y sus guiones me da la impresión de que pierden un poquito de calidad en comparación a las anteriores sagas. Encontramos más acción, a cambio de sacrificar un poco las interrelaciones entre los diferentes personajes. El guionista recupera el tono urbano, devolviendo a sus personajes centrales a Gotham, y parece que trate de acercar un poco más a la gatita al universo batmaniano, con la presencia de secundarios recurrentes en las series del murciélago como el Pingüino, Zeiss o la banda del Joker, además de la presencia estelar del mismo Batman en uno de los episodios. La cosa vuelve a complicarse para Selina, que toma unas cuantas decisiones un tanto dudosas y que van a ir poniéndole progresivamente sobre la cuerda floja... el final del tomo augura, además, un momento de extremo peligro, del que ya veremos qué tal saldrá.

En resumen, un tebeo que sigue estando, en mi opinión, muy pero que muy por encima de la media del tebeo mainstream yanqui, pero que quizá descienda algún peldaño, especialmente en el dibujo, respecto a lo que ha sido la etapa hasta el momento. Con todo, sigue siendo, creo yo, muy recomendable para cualquier aficionado al género, no digamos al universo de Batman.

Catwoman 3 (Planeta).

Tercera entrega de esta serie en la editorial Planeta... y últimos números de la etapa guionizada por Ed Brubaker. De los cinco números yanquis que contiene este tomo, tres están dibujados por el artista que tomó el relevo en el anterior, Paul Gulacy, con las tintas de Jimmy Palmiotti. De los otros dos, uno tiene lápices de Sean Phillips, con acabados de Stefano Gaudiano, y el otro corre a cuenta del español Diego Olmos (conocido aquí por H2Octopus), entintado asimismo por Palmiotti. Los colores corren a cuenta de Laurie Kronenberg en todos los episodios.

Lo primero que llama la atención en este tomo es que, si uno observa los números de la edición original que incluye, automáticamente se descubre que hay un salto de tres episodios. En efecto, aquí aparecen los números 30 al 33, incluídos, y el 37; faltan, obviamente, del 34 al 36. Ello es debido a que formaban parte de la saga "Juegos de guerra", recopilada aquí en tres tomos -el tercero aparecido simultáneamente a este de Catwoman-, y Planeta ha optado por incluirlos allí y no repetir los números en este volumen de la gatita. Una vez leído, se puede decir que, pese a que se nota un salto -tampoco inhabitual en estas historias; entre la primera y la segunda de este tomo, por ejemplo, hay también una elipsis de un mes en tiempo interno-, y a que algún comentario que hacen los personajes en el último episodio hace referencia a lo ocurrido en la saga citada, no afecta a la comprensión de la historia.

Por lo que hace a la parte gráfica de las historias, me ha parecido que Gulacy baja un poco más de lo habitual el listón, y el tipo de "incorrecciones" de las que les hablaba más arriba parecen más recurrentes. Hay viñetas que me han sorprendido por, y disculpen la franqueza, lo horrorosas que me resultan a la vista, con cuerpos y rostros alcanzando desproporciones que rozan la pura abstracción... sin pretenderlo, o eso creo. Si a eso le sumamos las no siempre logradas perspectivas, el aspecto es por momentos casi de tebeo amateur. Lo más desconcertante del asunto, al menos para mí, es que Gulacy echa casi tantas de cal como de arena, y crea algunas viñetas realmente impactantes, con una narrativa siempre al límite, dinámica y a veces arriesgada, y hace dibujos realmente bonitos... como la portada que adorna el tomo, con una Selina reamente preciosa. En una palabra, por no seguir: irregular, muy irregular. Eso sí, Gulacy me sigue pareciendo un gran profesional, y hay que reconocer que un dibujo tan trabajado como es el suyo no debe ser fácil de realizar con las apretadas fechas de entrega de una serie regular.

Luego tenemos la historieta que se beneficia de los bocetos -esto es, de la excelentísima narrativa, distribución de elementos en la página y expresión de los personajes- del siempre cumplidor Sean Phillips, y los acabados de Stefano Gaudiano. Lo cierto es que ésta podría haber sido una buena oportunidad para contemplar las mencionadas virtudes de Phillips con una definición un tanto menos "sucia" de la que suele aplicar este artista cuando es él mismo quien realiza los acabados y las tintas. Supongo que Gaudiano quiso respetar el estilo del artista, lo cual tampoco debe ser una mala opción. El resultado, por lo demás, me parece a todas luces tan bueno como es habitual en Phillips. Coincide, además, que la historia (con Batman de nuevo como invitado de excepción, y esta vez con un papel nada anecdótico), creo que es una de las mejores de una etapa ya de por sí excelente. Brubaker da la impresión de saber para quién dibuja, y abandona en esta historieta la acción desbordante de los episodios anteriores -Gulacy es todo un especialista- y nos da uno de esos episodios más tranquilos, que no menos intensos, centrado en los personajes que tan bien escribe. Una auténtica joya.

Y la aportación de Diego Olmos me ha parecido bastante correcta. Un episodio de relleno, realizado sin duda con bastantes prisas, pero que se basta dentro de los estándares del género. La historia es más o menos autoconclusiva, y viene a cerrar uno de los cabos sueltos dejado por una trama anterior. Sin ser lo mejor de la serie, tiene oficio por ambas partes narrativas y se lee con cierto agrado.

Por lo que hace a la historia, el tomo comienza a partir del cliffhanger con el que finalizaba el anterior, y nos muestra una muy cruenta lucha entre Catwoman y un muy peligroso villano. Las consecuencias del conflicto son realmente fatales... o lo hubieran sido, de no ser porque en el siguiente episodio.... no, no teman, no voy a contarles la historia. Sólo les diré que Brubaker aprovecha ese segundo episodio para ligar ciertos elementos que estaban en el aire desde el viaje de Selina y Holly en el primer tomo, incluyendo la presentación de un nuevo personaje que podría dar mucho que hablar en el futuro de nuestra gatita. Además, algo queda suspendido en el aire respecto a la verdadera naturaleza, status y destino de Selina; Brubaker plantea muchas cuestiones, abriendo un sinfín de posibilidades para nuestro personaje. Algo que, a continuación y en un futuro más o menos cercano, no será él quien desarrolle, desafortunadamente.

De los dos números más o menos de relleno -o no tanto, que en realidad continúan aportando cosas a la trama- ya les he comentado algo a propósito de sus dibujantes. Queda el episodio final, la despedida de Brubaker del título. 37 números, alrededor de tres años. Y lo hace con una historia, como no podía ser de otro modo, tremendamente emotiva, en la que aparecen todos los personajes que han tenido un cierto peso en esta etapa (Selina, Holly, Karon, Slam, Batman, Wildcat y Leslie). Un broche perfecto a una etapa francamente maravillosa, en la que hemos tenido la oportunidad de conocer a unos personajes que, hasta la revolución dada por el nunca suficientemente loado Brubaker, tenían en mi opinión un interés escaso o nulo. 37 números, pues, para el recuerdo, que quedarán para mí, y espero que para muchos otros lectores, como un auténtico hito, no sólo en las vidas de estos personajes de ficción, sino del mundo del cómic generalista norteamericano.

Una etapa, de este modo, termina. Nos queda el consuelo de que, siempre que estén a su cuidado artistas como Ed Brubaker y los excelentes artistas que le han acompañado, Catwoman seguirá saltando por los tejados, tan independiente, salvaje, libre y hermosa como los felinos de los que toma su apodo.

1 comentario:

tristan dijo...

Gran post, del que suscribo prácticamente todo lo escrito.
Esta etapa es y será punto de referencia para todo el comic mainstream que pretenda entretener, emocionar y divertir con calidad. Para mí a la altura del Daredevil de Miller.

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