BOMB QUEEN I: Royal Flush, Queen High, de Jimmie Robinson.


Un poco por casualidad he podido leer la primera miniserie de 4 episodios de este curioso título, editado en Estados Unidos por Image Comics e inédito por estos pagos. Digo “primera miniserie” puesto que el modo de publicar este tebeo es mediante miniseries (de las que ya van tres, con cuatro números cada una) y one-shots (uno, de momento); esta fórmula se aplica a otros títulos de Image, y no parece darles mal resultado.

Sobre el autor, Jimmie Robinson, hay que decir que tiene otras obras publicadas aunque, por lo que cuentan en la wikipedia, no parece que el éxito le acompañara demasiado en todas ellas. Pese a ello, en Image han seguido dándole la oportunidad de editar sus tebeos y parece ser que, por fin, con esta Bomb Queen ha dado en el clavo.

La característica principal de la historia, sin ser del todo novedosa, no ha sido excesivamente explotada en el cómic mainstream yanqui: la protagonista, la Bomb Queen del título, es una supervillana. Supongo que los aficionados más veteranos, o los que sigan los tomos Essential yanquis, recordarán títulos como el Super Villains Team-Up de Marvel Comics; menos recordada, tal vez, es la efímera serie de la que gozó todo un mito del universo batmaniano como el Joker. Más recientes son los títulos dedicados a personajes como Venom (Marvel) o Lobo (DC), mucho más exitosos pero igualmente condenados a la extinción. De todos modos, a priori el tipo de cómic con el que debería resultar más sencillo establecer conexiones es el del subgénero de las bad girls, muy en boga en los 90 y hoy en día algo menos: Lady Death, Catwoman, Witchblade y un largo etcétera, ya saben. Hay que decir que los cómics de estos personajes, que han perdurado de uno u otro modo hasta la actualidad, no lo han hecho sin atravesar grandes cambios y, entre otras cosas, se ha suavizado la carga de malicia y violencia de las que eran capaces las protagonistas, por norma general.

Hay otro cómic que, al menos a mí, me parece otro referente de cara a establecer similitudes con el tebeo del que les cuento: Empire, de Mark Waid y Barry Kitson. Allí se nos planteaba una situación que más de un fan se ha imaginado en alguna ocasión: ¿qué ocurriría si, por una vez, los malos ganasen y se hiciesen con el control mundial? Los ocho números que vimos publicados en España me parecieron bastante curiosos y entretenidos, máxime teniendo en cuenta la dificultad de empatizar con unos personajes que, todos y cada uno de ellos, no son precisamente sujetos en los que uno quisiera verse reflejado (algo parecido a lo que ocurría en Sleeper, cuya femme fatale residente, Miss Misery, tiene también cosas en común con nuestra Bomb Queen). Ah, y un último cómic para el saco de las referencias: The Authority. Hablando de la serie, todos los títulos citados encontrarán su razón para ser mencionados -o eso espero-.

Bomb Queen, como decía, es una supervillana que ha conseguido, después de una larga e intensa lucha por el poder, hacerse con el control de una ciudad entera, New Port City. Allí los superhéroes están prohibidos y toda autoridad emana de su dictadora. Hay elecciones democráticas pero, en realidad, el alcalde no es más que un títere de la reina, y todo el mundo lo sabe… y lo consiente, en general. Ésta es una de las claves: la ciudad está gobernada por una dictadora supervillana, psicópata, hedonista y malvada hasta la médula… porque cuenta con el apoyo de la mayoría de sus súbditos. El porqué de este apoyo no termina de resultarme demasiado plausible -tampoco voy a explicarlo aquí-, pero puede pasarse por alto y fijarse en el resto; este tebeo no es Ex Machina, y las intrigas políticas, que las hay, son más bien de sal gruesa y un poco chorras, para qué nos vamos a engañar. El autor ha expresado en más de una ocasión que el tebeo tiene algo así como una doble lectura: quien quiera quedarse con la acción, violencia, sexo y demás, pues las tiene; pero hay también elementos de crítica sociopolítica, a los que Robinson parece concederles no poca importancia.

Por suerte, los aspectos lúdicos del tebeo salvan las pretensiones que pueda tener por otro lado, cubriéndolas lo suficiente como para que no nos saquen del todo de la lectura. Y es que éste es un tebeo muy, muy garrulo, extremo y disparatado. Robinson no se corta un pelo por lo que hace a la violencia y el gore, -también algo de sexo, más sugerido que otra cosa, pero con algún desnudo, eso sí- pero sin duda más llamativo es lo políticamente incorrecto que resulta. Dado que New Port City es algo así como una ciudad del vicio a lo bestia, vemos violaciones a plena luz del día, revelaciones de incesto, abusos infantiles, referencias nazis, del KKK o de grupos terroristas islámicos, parricidios, asesinatos en masa… Una de las cosas que entretienen del tebeo es ponerse a buscar los detallitos escabrosos o epatantes escondidos entre las viñetas. La acción principal tiene, por lo demás, eso: acción, y a borbotones. Los diálogos son bastante buenos, y hay momentos realmente impagables, auténticas joyas del humor más negro y cafre que imaginarse pueda uno. Ah, me olvidaba del rey de los tebeos cafres, Garth Ennis; bien, Robinson, les puedo asegurar, no se queda corto.

Por lo que hace al dibujo, Robinson utiliza un estilo que yo definiría como muy de dibujo animado. Limpio, de línea sencilla y bien definida, llena las viñetas de detalles, trabaja muy bien los fondos y compone y narra de forma dinámica, efectiva y espectacular. De todos modos, algo tiene que no termina de convencerme; manías tontas de cada uno, porque creo que su profesionalidad y capacidad al dibujo son más que notables.

En suma: tebeo tremendamente divertido si a uno le gustan las barrabasadas, la sal gruesa, el destape, el gore y la acción y violencia extremas. Muy políticamente incorrecto, muy trash, pero genial para curarse de indigestiones de gafapastismo. En la variedad está el gusto, dicen. Valdrá también el mal gusto, supongo.

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